A media cuadra

domingo, 12 de diciembre de 2010

Editorial


Mejor ser inútiles como los ríos que escapan a las manos de los hombres o como las palomas en la plaza vacía. Si ser útil es ser rentable, si ser útil es ser aprovechable, si ser útil es ser subordinado, la inutilidad no solo debería ser ley sino la más codiciada justicia; pero no es de cualquier inutilidad de la que aquí se habla, no es la inutilidad del que devora, la inutilidad del que apremia, la inutilidad del que cambia el canal, esa inutilidad es útil, es utilidad a la larga, se alimenta de todo lo útil hasta dejarlo inutilizable, se place en el deterioro de la vida con una comodidad pasmosa y devora el propio rostro en el espejo de las cosas.

Mejor ser inútiles como el murmullo del océano o la oscuridad de la cueva, sin semanas similares en el sudario, sin promesas crueles, sin campanarios, con el solo hecho de ser con los pies en la tierra. Todo pretende ser útil para ubicarse en las repisas de la utilería; las palabras de los poetas, el hambre de los niños, la paciencia de las semillas. La utilidad es boba como la patria, como las babas de los oficiales, como los vivas en los estadios.

La utilidad es el sin fin de lo manipulable. Por eso es mejor ser inútiles como las piedras en el camino, ser invisibles como las ratas que son inútiles a los ojos, dejar que la hojarasca devaste toda la ciudad dormida y que el oxido florezca en las bisagras del futuro, guardar silencio sin acudir a fantasmas ni a concesiones hasta que se escuchen las risas de los difuntos y las voces de los heridos. Muy lejos de los siglos o los amenes, la inutilidad es la madre de todos los nacimientos y nuestro mejor escudo. ¡Utensilios de todos los rincones uníos!

1 comentario:

  1. Felicitaciones por su excelente blog. Agradezco a mi amiga, la Profe Martha C.Gómez, amiga también del medio ambiente, haberme dado el consejo inútil de visitarlos. Exitos

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