A media cuadra

domingo, 12 de diciembre de 2010

¿libres?



Por Rocío Garzón

En el eterno transcurso para llegar a casa diariamente me encuentro con la cárcel la Picota. Al pasar por allí mi compañera de puesto me dice: “debe ser terrible no ser dueño de su libertad”. Inmediatamente conteste: “tienes razón” justo en ese momento empecé a desbaratar el concepto de libertad como condición para decidir por si mismo, y pensé y a la vez admití, tal vez, que como muchos nunca he tenido esa opción.

Entonces de qué somos libres si nuestra educación, salud, movilidad, información, política, economía ya están decididos incluso antes de pensarlo, y si lo pensamos nos acusan y callan. Sin darnos cuenta estamos obligados a dar gracias por un trabajo y un salario indignante, una alimentación mefítica y costosa, un seguro médico que solo causa mas desesperación, una educación sin sentido ni rumbo, un sistema de transporte que apesta y genera aún mas desesperanza, entre otras absurdas e inhumanas acciones planteadas y ejecutadas por otros que tuvieron la libertad de elegir por los habitantes de esta ciudad.

¿De que somos libres? Si nuestro tiempo se esfuma porque debemos ser productivos y piñones de esta maquinaria capitalista que día a día nos hace cada vez menos capaces de decidir o siquiera de vivir, y todo se ha reducido a nacer, producir y consumir, crecer, producir y consumir, reproducirnos producir consumir y morir.

Inconscientemente la mayoría habitamos en las prisiones de los barrios, las empresas, las escuelas, los centros comerciales, los hospitales, las iglesias y las cárceles, por supuesto. La única diferencia es que los barrotes son el conformismo y los guardias son los votos de ignorancia que han ahogado nuestros sueños.

Inexorablemente me devuelvo a mi transcurso vespertino y obligatorio, y me pregunto cuándo nos despertaremos y seremos capaces de hacer los que queremos, de levantarnos con una sonrisa y luchar por nuestros derechos, rescatar nuestras raíces, respetar la diversidad, botar la billetera, enterrar la infame concepción de progreso y no olvidar por supuesto que podemos ser libres y felices.

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