A media cuadra

domingo, 12 de diciembre de 2010

Vuelve el agua a la Tingua.




Los medios masivos muestran el tamaño de la calamidad, y no ahorran en adjetivos para señalar al invierno como responsable de nuestras últimas penurias. El 5% de los colombianos son víctimas de las lluvias, las montañas caen sobre los barrios y los ríos llenan los poblados inundando o sepultando lo que aparece en el camino. La culpa se la endilgan al cambio climático, al fenómeno de la niña, siempre hay un nombre rimbombante para enmarcar los aguaceros, cada año lo mismo, así, y de una vez, se borran las responsabilidades y posteriores efectos. Cuando salga el sol seguramente volveremos a saltar de la alegría, pero por ahora nos hablan como si un dios acuático se ensañara con los destinos de los compatriotas. Hace 25 años un volcán sepultó a Armero y muchos ya sabían que esto iba a suceder, el gobierno de entonces fue advertido de la posible catástrofe pero no hizo nada y todo quedó como un castigo de Dios. Con el invierno pasa lo mismo, cada año vivimos la crónica de una muerte anunciada.

Los aguaceros llevan a la solidaridad, pero la solidaridad es un simulacro en el que a veces cuenta más la buena prensa que la suerte de los damnificados, se lee por ejemplo que los europeos nos mandaron mil millones de pesosy los gringos un millon de dólares como ayuda, lo que implica que aportan, en suma, 1.500 pesos para cada colombiano inundado sin contar con lo que se pierde en intermediarios. Esa ayuda no es más que otro pañito de agua cuando se tiene se tiene el agua al cuello. Ellos, los europeos y los gringos son parte del problema no de la solución.

Si los árboles estuvieran en su lugar, si los grandes terratenientes no siguieran desplazando a la población hacia las montañas y al borde de los ríos, si esos países que dicen ayudarnos no devoraran los recursos naturales de todo el planeta y de nuestro país, si nuestras ciudades fueran planificadas acorde a las dinámicas del territorio, las lluvias dejarían de ser la peor noticia, pero la arrogancia de los animales humanos, sobre todo de aquellos que quieren poseerlo todo, siempre se nos devuelvecomo castigo, justo como ahora, y pensar que los burócratas llaman a esto que nos pasa modelo de desarrollo.

El agua viene a saludar y a recordarnos que este pedazo de ciudad fue un gran pantano lleno de lagos y humedales, que hay un tiempo para la hibernación y el descanso, días para el sueño con conciencia, por eso celebramos que el agua haya vuelto a la Tingua azul y que el paisaje se revele y se rebele, así sea con aguas contaminadas por nuestro sistema de producir y consumir.

A los mingueros les informamos que la huerta no ha sido inundada y que nos vemos en la Tingua el último domingo de cada mes, para celebrar nuestra conciencia.

A todos los que fueron sobreaguados en el país les enviamos un saludo con mucha fuerza y con la esperanza correspondiente.

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