A media cuadra
Si entendemos la participación
como las acciones concientes que emprenden los colectivos para transformar su
realidad, y observamos a través de ese lente, la capacidad de los habitantes de
esta ciudad e incluso de este territorio que llamamos Colombia para incidir en
sus contextos respectivos, encontramos un panorama significativamente
devastado. No es gratuito, que el mayor
ejemplo de esta situación sea una guerra que trasciende generaciones. La pretensión constitucional de conformar un
Estado basado en la participación, ha dado ya tantas vueltas de manera tan
marginal, que ha concluido en una especie de instrumentalización del ciudadano,
el cual es organizado, incluso bajo formas de segregación específicas, en una
urdimbre corporativa y fría de procesos y recursos que lo conducen, en el mejor
de los casos al agotamiento, y en el peor, a su articulación al Estado bajo nuevas
formas clientelares y corruptas hijas del mismo problema: la privatización
del Estado .
Todo ejercicio de participación
que se salga de los solemnes medidas necesarias del marco de lo que se entiende
como participación ciudadana, es estigmatizado, y en muchos de los casos,
criminalizado, pues toda vía de hecho es ilegal, y casi todo es una vía de
hecho. Los ciudadanos no pueden tomar nada en sus manos, ni su propia calle, ni
las transformaciones de su propia casa. Para
cada cosa hay una institución competente, y las decisiones, siempre requerirán
el filtro, presuntamente científico, de
la tecnocracia. Tenemos por caso el proceso de la Mane o el del CRIC en el
Cauca, estas comunidades de estudiantes y de poblaciones indígenas, al tomar
determinaciones por fuera del camino formal de la participación, para proponer una nueva propuesta política
para la educación o para defender el territorio, han sido vinculadas a la
insurgencia, han sido perseguidas, amenazadas y estigmatizadas ya sea por el
Estado, por los grupos paramilitares o por los mismos medios de comunicación
masiva.
Como efecto de lo anterior, se
observa que los conductos mínimos que se requieren para generar una
participación efectiva están fragmentados, el diálogo e intercambio social
necesario para promover procesos colectivos de movilización y participación en
la ciudad, está confinado en las débiles instancias formales de participación ciudadana,
y en las relaciones de producción que incrementan la explotación sobre los
habitantes de la ciudad y su entorno.
A este contexto se enfrenta el
tercer eje del actual plan de desarrollo de Bogotá que tiene como objetivo
fortalecer lo público a partir de la vinculación directa de los habitantes en
decisiones vinculadas al gobierno. Si observamos las iniciativas desarrolladas
por la Bogotá humana para promover la participación
ciudadana tal como son los presupuestos participativos, encontramos que los cambios necesarios para
hacer más efectivos estos procesos deben pensarse a más largo plazo, pues
siguen adoleciendo de problemáticas inherentes al mismo modelo de participación
hasta ahora planteado, lo cual trasciende las metodologías establecidas y las
instituciones encargadas de ejecutarlos, pues es preciso cambiar la percepción
de aquellos que han visto despreciados y atacados sus esfuerzos al tratar
ejercer su poder popular.
La agencia Techotiba, La fundación Veritas AID y el IDPAC, celebraron un contrato de cooperación y apoyo, que tuvo como objetivo principal, fortalecer procesos de comunicación popular y comunitaria como un elemento transversal de procesos de participación y movilización social, especialmente en la localidad octava (Techotiba) pero también en las localidades que conforman el occidente de la ciudad, Bosa, Fontibón Engativá y Suba, buscando superar parte de los problemas que mantiene la participación y que ya fueron aquí expuestos. El proyecto partió de tratar de establecer una corresponsabilidad de las organizaciones sociales y el Gobierno Distrital para la movilización y participación de los habitantes de un territorio específico, superando la visión instrumental y contractual que ha tenido el gobierno con las organizaciones sociales, y generando nuevas confianzas y discursos en torno a la participación y la transformación de la ciudad, que potenciaran el buen uso de los recursos públicos, la eficiencia de la administración y la participación social de las organizaciones. Para ello se buscó enfatizar en las siguientes líneas de acción, como un comienzo de articular las agendas de movilización de las organizaciones con la agenda del Gobierno Distrital en un ejercicio de corresponsabilidad.
Promoción a medios de
comunicación autónomos, que lograran visibilizar la movilización y
participación social de la ciudad, superando la utilización de los mismos como
simples órganos de propaganda política, vinculándolos en un diálogo permanente
y crítico sobre las problemáticas de la ciudad
en el contexto de la discusión y puesta en marcha del plan de desarrollo.
La recuperación de la calle como
espacio fundamental de la comunicación, la participación, y la educación
popular.
Vinculación de la ciudadanía a la
lectura del Plan de desarrollo distrital, buscando superar las barreras que
genera el lenguaje institucional y sacando el debate más allá de las instancias
determinadas para la aprobación del mismo.
Acompañamiento de medios de
comunicación popular y organizaciones sociales a procesos enmarcados en la
participación ciudadana, tal como son los cabildos de presupuesto participativos,
encuentros ciudadanos, asambleas de Junta de acción comunal, entre otros,
fortaleciendo procesos de educación popular por medio de la comunicación
comunitaria para tales efectos.
Para lograr esto se desarrollaron
las siguientes actividades: vinculación de cerca de 30 medios comunitarios y
alternativos a pauta publicitaria del Distrito, la reelaboración escrita y
visual del Plan de Desarrollo y el acompañamiento una caravana multicultural
por el occidente de la ciudad realizada de manera autónoma.
En cuanto a la promoción de
medios comunitarios esto implicó la actividad de cerca de 130 personas que
participaron en la elaboración y distribución de las piezas comunicativas, así
como en la reelaboración del Plan de desarrollo. Los medios participantes en el ejercicio
fueron, A media cuadra, Sumando Voces, Periódico mío, La voz de la experiencia,
La polea, revista Kaka, El Churrusco, El visor, La ruta del perro, La voz de la
experiencia, Techotiba, La polea, la barriada, Mi barrio prensa, Periferia
Literaria, la Sureña, Acción escrita, Litemar, Video-Techotiba, Patio Bonito al
día, Litemar, Huracán deportivo, radio miseria, Medios Creativos, emisora
comunitaria la Kalle, Radio Techotiba, además de algunos blogs vinculados a
estos medios. Como resultado se fortalecieron la articulación y diálogo entre
los medios de comunicación comunitaria, así como el proceso de conformación de
la agencia, que busca impulsar ejercicios de economía popular entre los mismos
para su continuidad y desarrollo. Cabe
aclarar que el ejercicio de los medios comunitarios de Techotiba, no consiste
solamente en la producción o emisión de piezas comunicativas, sino en un
sinnúmero de actividades complementarias que buscan la promoción de la
participación como un ejercicio de subversión a las condiciones a las que
actualmente están sujetas las comunidades, y que vinculan actividades y
procesos, que aunque se asumen de manera integral, tocan temáticas vinculadas a
la movilización social, la comunicación, la protección del medio ambiente, la
economía popular y la activación cultural en los territorios.
El otro componente del proyecto
consistió en un apoyo por parte del
IDPAC a la caravana multicultural por el occidente de Bogotá, una apuesta de ciudadanos
y ciudadanas por tomarse la calle durante diez días en un permanente proceso de
aprendizaje y de reconocimiento del territorio y de las organizaciones sociales
que lo habitan y lo revitalizan. Esta movilización se realizó poniendo en escena
diversas actividades realizadas por comunidades, organizaciones y colectivos de
la ciudad en las cinco localidades que bordean el río Bogotá, que son, a su vez,
las localidades más pobladas de la ciudad.
A esta caravana se sumaron, además del IDPAC y las alcaldías locales, más de un centenar de organizaciones sociales, las cuales dialogaron con sus saberes y prácticas, e interactuaron para ejercer el derecho a la calle, este fue el único móvil de la convocatoria, ganar la calle, y así se hizo. Es difícil intentar escribir todo lo que puede suceder durante diez días en la calle, por ello solo se enumerarán algunas de las actividades allí realizadas. Cinco plazas, una por cada localidad, dispuestas para la acción colectiva, permanente y dialogada, de vecinos y vecinas de la ciudad que habitamos. En estas plazas ocurrieron conciertos, caricaturas, ollas comunitarias, talleres de consumo conciente, ferias de economía popular, documentales, circo, obras de teatro, juegos tradicionales, conferencias, mandalas, galería de la memoria, emisora en vivo, exposiciones, comercio justo, funciones de títeres, murales, grafitis, tejidos, talleres de cacao, talleres de manejo de basuras, venta de corotos, radio en vivo y muchas más actividades concernientes a la discusión sobre la ciudad que habitamos y queremos habitar.
Al realizar un balance sobre este
proyecto, cabe señalar que aunque logró reactivar la movilización social y
cumplir los objetivos planteados, se presentaron dificultades y barreras enmarcadas
en el mismo contexto planteado, tal como lo son la falta de capacidad de la
instituciones para leer la riqueza cultural y política que activa los barrios y
que trasciende los procesos formales de participación ciudadana, la negación
sistemática para poder hacer uso de la calle, lo cual implicó hacer toma de la
misma, sin contar siempre con los
permisos necesarios. Para poder levantar estas barreras se contó con la colaboración
de las alcaldías locales, lo que demuestra,
además de la negación de la calle, la desarticulación institucional y la falta
de entendimiento y cooperación de las instancias distritales en sus propios
ejercicios y competencias. Pero estos no son problemas que atañan solo al
gobierno distrital, hace parte de la continuidad de una política de promoción
de la participación que debe revaluarse, esa revaluación y los cambios
necesarios para dar un giro a nivel distrital y local, si son responsabilidad
del gobierno, así como de su capacidad y voluntad política. Por eso se reitera que la tarea aún está por
hacerse.




No hay comentarios:
Publicar un comentario