A media cuadra

martes, 25 de septiembre de 2012

La paz que dejan, la paz que dan



La paz resultó ser  el conjunto de habladurías que se filtran en las pantallas del desconcierto, sumado a los balazos mendaces de los enemigos de cualquier acuerdo. En esas estamos, por tanto a los que deambulamos este territorio intentando saltar los matones que el sistema ha impuesto en nuestras vidas, nos dejan solo la expectativa, pues ni siquiera para ser observadores servimos; ya nos advirtieron  que todo sucederá debajo de una mesa con un mantel largo y espeso. Es el nuevo reality de la paz, la paz manejada por los medios y a medias, la paz malgastada, y en la cual puedes sumarte a cualquier bando del proceso, el de los pesimistas o el de los optimistas, igual a nadie le importa.  Si tu interés es participar, para eso están las encuestas de los noticieros. Llama y vota, apúrate, que ya nos dijeron que el plazo es perentorio. Pero eso sí; que sigan cayendo las bombas, es necesario mantener la audiencia.


Todos los portavoces frente a sus portátiles nos advierten de la importancia del proceso de paz para el futuro trillado de la Nación; analistas, se toman la barbilla con presunción escolástica para sumarse a la causa y para especular sobre las contingencias; hasta los inconformes con la situación (con excepción de aproximadamente una decena de desequilibrados), esa extraña minoría, se muestran sobrecogidos por estas nuevas señales de la moda, manteniéndose agazapados a la espera del fracaso. Ese parece ser el paisaje de la paz en el país de la sagrada corazonada, y asistimos a este espectáculo, absortos o felices, celebrando el hecho como si fuera un gol de Falcao o el óvulo fecundado en las entrañas de Shakira, y no es para menos, pero aún, a pesar de tanta verborrea, no está claro el porqué de tanta fiesta, por lo menos el gobierno ya ha garantizado que no piensa dar garantía alguna, mucho menos una entrada.

Foto Archivo AMC 1o de mayo 2008


Es tan importante el proceso de paz que por esa razón no estamos invitados. Los invitados son los que han dado bala, algo obvio, y uno que otro representante del gobierno. Ahora proponen convocar a la sociedad civil a través del Consejo Nacional de paz, lo cual no es más que consultar a algunos pelagatos que sirven como comitiva de aplausos del gobierno y que están vinculados generalmente al comercio, la industria y la especulación, son esos mismos personajes que suelen negociar el salario mínimo para dejarlo en su más mínima expresión, y que por tanto, han sido actores y responsables de la conflagración.  Para esa sociedad civil Colombia es un país de tenderos y por eso debe estar a la venta. La paz aún está lejos de las ventanas que nos confieren.

Cuando a uno no lo invitan a la fiesta, le toca colarse, no solo por probar el pastel y luego criticar la receta, sino para meterse al baile, el problema es que en este caso los que tenemos que meternos al baile somos millones, y los porteros siguen teniendo las armas y las cámaras cargadas. Por eso la búsqueda, ya sea de la paz o del final del conflicto armado, debe ser una reivindicación y un logro de la población por doblegar las armas físicas e ideológicas que hasta ahora nos someten,  y no, las decisiones de tristes dirigentes o corporaciones que buscan moldear la opinión a través de la desinformación y el embeleco de los grandes medios, y que a todas luces, intentarán como siempre apagar la música, para recordarnos, en su justo tiempo, que el partido ha terminado, cuando creíamos que apenas acababa de empezar.  Hay que salir a la calle.


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