La paz resultó ser el conjunto
de habladurías que se filtran en las pantallas del desconcierto, sumado a los
balazos mendaces de los enemigos de cualquier acuerdo. En esas estamos, por
tanto a los que deambulamos este territorio intentando saltar los matones que
el sistema ha impuesto en nuestras vidas, nos dejan solo la expectativa, pues
ni siquiera para ser observadores servimos; ya nos advirtieron que todo sucederá debajo de una mesa con un
mantel largo y espeso. Es el nuevo reality de la paz, la paz manejada por los
medios y a medias, la paz malgastada, y en la cual
puedes sumarte a cualquier bando del proceso, el de los pesimistas o el de los optimistas, igual
a nadie le importa. Si tu interés es
participar, para eso están las encuestas de los noticieros. Llama y vota, apúrate, que ya nos dijeron que
el plazo es perentorio. Pero eso sí; que sigan cayendo las bombas, es necesario
mantener la audiencia.
Todos los portavoces frente a sus portátiles nos advierten de la importancia del proceso de paz para el futuro trillado de la Nación; analistas, se toman la barbilla con presunción escolástica para sumarse a la causa y para especular sobre las contingencias; hasta los inconformes con la situación (con excepción de aproximadamente una decena de desequilibrados), esa extraña minoría, se muestran sobrecogidos por estas nuevas señales de la moda, manteniéndose agazapados a la espera del fracaso. Ese parece ser el paisaje de la paz en el país de la sagrada corazonada, y asistimos a este espectáculo, absortos o felices, celebrando el hecho como si fuera un gol de Falcao o el óvulo fecundado en las entrañas de Shakira, y no es para menos, pero aún, a pesar de tanta verborrea, no está claro el porqué de tanta fiesta, por lo menos el gobierno ya ha garantizado que no piensa dar garantía alguna, mucho menos una entrada.
Es tan importante el proceso de
paz que por esa razón no estamos invitados. Los invitados son los que han dado
bala, algo obvio, y uno que otro representante del gobierno. Ahora proponen
convocar a la sociedad civil a través del Consejo Nacional de paz, lo cual no
es más que consultar a algunos pelagatos que sirven como comitiva de aplausos
del gobierno y que están vinculados generalmente al comercio, la industria y la
especulación, son esos mismos personajes que suelen negociar el salario mínimo
para dejarlo en su más mínima expresión, y que por tanto, han sido actores y
responsables de la conflagración. Para
esa sociedad civil Colombia es un país de tenderos y por eso debe estar a la
venta. La paz aún está lejos de las ventanas que nos confieren.
Cuando a uno no lo invitan a la
fiesta, le toca colarse, no solo por probar el pastel y luego criticar la
receta, sino para meterse al baile, el problema es que en este caso los que
tenemos que meternos al baile somos millones, y los porteros siguen teniendo
las armas y las cámaras cargadas. Por eso la búsqueda, ya sea de la paz o del
final del conflicto armado, debe ser una reivindicación y un logro de la
población por doblegar las armas físicas e ideológicas que hasta ahora nos
someten, y no, las decisiones de tristes
dirigentes o corporaciones que buscan moldear la opinión a través de la
desinformación y el embeleco de los grandes medios, y que a todas luces, intentarán
como siempre apagar la música, para recordarnos, en su justo tiempo, que el partido ha terminado, cuando creíamos que apenas acababa de empezar. Hay que salir a la calle.


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