J. Quique Gómez
Me considero con una ventaja política: No soy militante de ningún
partido de izquierda, pero comulgo con ella. Y digo ventaja, porque no me veo
sometido a la complicada disciplina de partido, que lleva por ejemplo a unos
sectores del Polo, a hacerle oposición a Petro per se. Porque sí.
Apoyo a Petro, aunque no voté por él. Eso tampoco lo entiende muchas
veces la militancia partidista. Considero que el ser político que vive en
nosotros, debe ser más libre de lo que nos permite unos estatutos. Entiendo que
la inscripción con un logo y unos colores sea necesaria para hacer política.
Así es nuestro sistema electoral. Pero al menos, en la izquierda, hay más
coherencia que en la derecha (y sus respectivas manifestaciones de “centro” y
“ultra”). Nada más hay que ver la mutación de un senador como Roy Barreras.
Creo que solo le falta pasar por el MIRA.
Decía que en la izquierda la ética política trata de ser más consecuente,
aunque ya conocemos lo que fue la manzana podrida de la representación de la
ANAPO en el Polo, pero bueno. Está por verse si Clara, Robledo, Cepeda y Dussán
se paran duro para no dejar caer el gran proceso que en su momento fue el Polo
Democrático Alternativo.
En lo personal, veo con preocupación la intención de aniquilar cualquier
iniciativa de la actual administración de Bogotá. Por malas o improvisadas que
parezcan algunas propuestas, no se justifica la “lanza en ristre” a toda hora
de parte de los medios masivos de información. Hay una campaña de oposición
mediática a ojos cerrados, sin debate político. Cuando los fusiles del Estado y
el para Estado ya no son bien vistos para acallar de manera genocida al
pensamiento diferente, como sucedió contra la U.P., la aniquilación es
mediática. El sesgo informativo es ahora el arma predilecta para derrotar el
pensamiento anticapitalista. No hace más de tres semanas, Darío Arismendi en
Caracol Radio, comparó las decisiones de Petro con las de Chávez en Venezuela.
Lo que no sabe el reaccionario de Arismendi, es que si las cosas fueran
así, si en Colombia gobernara un Chávez, de pronto ni tendría la oportunidad de
expresarse, porque los medios de comunicación dejarían de ser
irresponsablemente privados, para ser sociales, públicos y populares.
Y aunque tampoco comparto el entramado de poder que se ha configurado en
Venezuela, de aquí desprendo los temas que me interesa destacar. El proyecto
venezolano ganó en las urnas y a los grandes representantes del capital
transnacional, principalmente de petroleras, no les gustó perder en el juego
democrático de las urnas que ellos mismos vociferan. Por eso, montaron el golpe
de Estado en abril de 2002, que casi tumba al gobierno constitucional.
Petro dijo en la toma al Acueducto que si no se respetan las posturas
ideológicas distintas, si no se respeta que una opción con un modelo de
desarrollo diferente llegue al poder, NO HABRÁ PAZ. Ese es el mensaje de Petro
a La Habana. Si la insurgencia opta por dar el debate ya no con las armas, sino
en las urnas, como en efecto lo hizo Petro, el reto es para el país en cuanto
estemos en la disponibilidad de despojarnos del ruido mediático, para dar un
debate en el puro campo de lo político. Pero ese ruido mediático no se da por
generación espontánea. Los grupos dominantes que llevan dos siglos haciendo
riqueza a costa de la explotación de las mayorías, son los dueños de ese otro
gran poder: LOS MEDIOS MASIVOS DE COMUNICACIÓN. Quienes simpatizaron en su
momento con el exterminio de las izquierdas que hicieron política para las
urnas, no quieren que a Petro le vaya bien. No quieren que la guerrilla tenga
la posibilidad de convertirse en partido o movimiento político.
Venezuela, independientemente de los debates que genere Chávez, hoy en
día es un pueblo MÁS MADURO, políticamente hablando. Sabores dulces y amargos
les ha dejado la revolución y todavía son un pueblo que elige en las urnas.
Considero que podemos ser políticamente más maduros si nos emancipamos de los
medios masivos primero, y después, de las taras que algunos militantes se dejan
imponer de sus partidos políticos. Prefiero pensar en los puntos que unen a las
izquierdas y no en los que las separan. La oposición resentida es la que se
encarga de eso.
El debate que nos propone Petro como alcalde de Bogotá, para quienes
tenemos afinidad con las banderas de las izquierdas, es el debate que debemos
proyectar a nivel nacional, para un escenario post-Habana, si queremos
construir una democracia más directa y real. Y la verdad, no vamos bien. “El
pueblo vencido, jamás estuvo unido”, dice una canción y aunque tampoco propongo
un apoyo irrestricto a Petro, sí considero que hay elementos en su Plan de
Desarrollo, que valen la pena seguir y fortalecer con participación y
movilización ciudadana. Por ejemplo, el tema de vivienda. Espero referirme a
ello en la próxima oportunidad.
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