A media cuadra

lunes, 12 de diciembre de 2022

Que nunca se agote la pregunta. Tercera Conferencia Internacional de Economía Heterodoxa

Por Cami Baron*


Simone Deos y Pavlina Tcherneva en el panel de apertura


Del 15 al 18 de noviembre tuvo lugar la Tercera Conferencia Internacional de Economía Heterodoxa en la Universidad Nacional de Bogotá, organizada por el Grupo de Socioeconómica, Instituciones y Desarrollo, el apoyo de YSI y la Universidad de Lasalle, bajo la propuesta de abordar el rol de las mujeres en esta comunidad académica.

¿Qué es la economía heterodoxa? Me preguntaron personas ajenas a la disciplina al ver el título de la conferencia y la pregunta sirve de disparador para compartir algunas reflexiones. La definición más pronta es por la negativa: heterodoxia es todo planteo que rompe con la ortodoxia (entendida como el mainstream neoclásico, para quienes el rol de la economía es asegurar el equilibrio general de los mercados).

Durante mis años como estudiante debatíamos sobre los límites entre la heterodoxia y la economía crítica. La primera correspondería a las lecturas que se mantienen dentro de la frontera del modo de producción capitalista mientras que la segunda sería aquella que critica los fundamentos del sistema como tal (siendo su base original la crítica a la economía política formulada por Marx). La realidad, siempre más compleja y borrosa, hacía que heterodoxes acudieran a las jornadas de economía crítica y marxistas pululáramos por congresos convocados por la amplia gama de propuestas heterodoxas. Siempre fuimos minoría y la supervivencia se impone (por suerte) ante los purismos (que tanto constriñen). En la Tercera Conferencia Internacional de Economía Heterodoxa, como era de esperarse, se dio esa convivencia. La propuesta convocó a pensar el rol de las mujeres en esta comunidad ampliada. El intercambio fue enriquecedor tanto para quienes venimos de la tradición de la economía feminista como para quienes no tienen esta perspectiva en su quehacer cotidiano. La propuesta fue un acierto porque obligó a quienes no tienen necesariamente perspectiva de género ni contacto con la economía feminista a que pensaran en la insuficiencia de sus miradas. 

En el panel de apertura dos grandes economistas dieron su punto de vista, lúcido y preciso. Simone Deos dio un panorama de la masculinización de la disciplina en Brasil, incluso más grave que en otras carreras históricamente pobladas por varones. Sin ser su área de investigación, hizo un repaso ajustado sobre los planteos en torno al trabajo doméstico de los años setenta y la necesidad de no perder de vista los impactos sobre esas tareas a la hora de pensar políticas. Reconoció a las economistas pioneras que durante años mostraron las brechas salariales y las brechas en el uso del tiempo.


Pavlina Tcherneva destacó la necesidad de una economía interdisciplinaria, el indispensable cruce con la antropología, la sociología, la historia para la construcción de la teoría económica. Repasó grandes nombres, como el de Rosa Luxemburgo y el de Joan Robinson e instó a seguir sus huellas: no limitarse a temas históricamente feminizados, como los laborales y los relativos al cuidado. Hizo propio un feminismo interseccional. Ensayó una definición, un piso mínimo: si se tiene en cuenta la clase, el género y la raza, entonces se tiene una perspectiva feminista de la economía. 

Remarcó el importante rol de les docentes para abrir puertas y habilitar a que más jóvenes economistas se permitan miradas heterodoxas y a romper con la idea de la penalización del mercado laboral, ese fantasma que asusta a estudiantes con la idea de que no conseguirán trabajo y les va llevando por la vía de las credenciales ortodoxas que se pagan mejor. 

Podría resumir sus puntos así: además de jerarquizar los temas clásicos abordados por la economía feminista, la disciplina necesita airearse con feministas economistas, que se muevan con soltura en todo el espectro de discusiones.  

Las dos fueron clarísimas: no se trata del sujetx en sí (el rol de las “mujeres”) sino de las preguntas que habilita una determinada experiencia subjetiva. En este punto se destaca la experiencia individual y colectiva sobre el trabajo doméstico y de cuidados y su falta de reconocimiento social y monetario.

Al abrir el micrófono, el primero en intervenir fue un docente de la UNAL pronto a retirarse. “Me permito hacer este comentario y me considero competente para hacerlo porque viví muchísimos años con una gran referente feminista de Colombia. No se trata de ser ortodoxos, heterodoxos, hombres o mujeres. Se trata de ser buenos o malos economistas. Hay ortodoxos buenos, heterodoxos malos, mujeres buenas y malas. Ustedes son dos grandes economistas no porque sean mujeres. En Argentina hace 50 años que la economía la maneja la heterodoxia y miren cómo están “.

El docente, que mostró su incontinencia verbal, nula capacidad de escucha y cero rigurosidad histórica, da clases de Economía Política, se autodefine como marxista y escribe columnas contra los progresismos latinoamericanos en un diario tribuna de la derecha colombiana. A veces pienso que son demasiados los que se dicen marxistas, olvidaron la Tesis 11 y parecieran guiarse sólo por la necesidad (necedad) de tener razón. No retomó nada de las exposiciones, y apeló al moralismo más básico: juzgar “lo bueno” y “lo malo” (por supuesto, con su vara).

Un estudiante, en cambio, intervino desde la pregunta (ay, qué importante no perder esa capacidad con los años). “Sabemos que el feminismo es un movimiento por y para las mujeres. ¿Podemos entonces los varones hacer economía feminista?”

Pavlina ya le había respondido con su definición mínima. Simone Deos contó los buenos resultados de las investigaciones de algunos jóvenes varones en su Instituto de investigaciones y le propuso como camino estudiar lo que le apasione. 

Para quienes pensamos desde el transfeminismo, desde el feminismo interseccional, es problemático el enunciado del estudiante. El feminismo es para todo el mundo, resumió bel hooks. Feminismo para el 99%, al decir de Fraser, Arruzza y Batthacharya. Habrá que ver, en todo caso, qué de su experiencia masculina habilita una mirada feminista (que, hace falta repetirlo una y otra vez, no son lentes que una se pone sino una posición política que se ejerce). En principio cargamos con una paciencia infinita para repetir lo ya dicho. 

Sobre todo cuando las matrículas empiezan a acercarse a la paridad, habrá que seguir insistiendo en que la identidad mujer no es garantía de una experiencia subjetiva que habilite perspectiva feminista y que la perspectiva de género (que puede limitarse a la adopción del género como variable a considerar) tampoco es necesariamente feminista. Al decir de Sandra Harding, “no se trata de añadir mujeres y revolver”. 

Se ha hecho mucho por democratizar la disciplina y creo que los resultados son buenos: las mujeres (amplia mayoría blancas, cis) trajimos incomodidades fundamentales con las que ahora deben convivir quienes durante años negaron la necesidad de ampliar las preguntas para que quepamos todes. Cargamos igual con otras incomodidades que nos recuerdan que falta muchísimo. 

En un país con un 20% de población afrodescendiente, no hubo ninguna economista negra colombiana que trajera su mirada. No hay malicia por parte de quienes organizamos. Las mujeres negras están sobrerepresentadas en los hogares pobres y por ende, subrepresentadas en las universidades en general. La economía, como el resto de las ciencias, sigue siendo una disciplina mayoritariamente blanca y producida por quienes habitamos en los centros urbanos, lejos de la experiencia de los sectores rurales, de la población racializada de los sectores populares.

¿Qué incomodidades traerían si llenaran las carreras de economía en los próximos años?¿Qué preguntas, formuladas desde esas experiencias, se volverían imprescindibles para todes? Parafraseando a Harding, no se trata de añadir minorías y revolver. La singularidad, la experiencia vital, nos habla de lo universal cuando asumimos la interdependencia.  

Participantes Tercera Conferencia Internacional de Economía Heterodoxa

Estos días en la UNAL dejaron el sabor dulce de ser testigo de una transformación disciplinar profunda gracias a los feminismos. En los paneles principales se habló sobre cuidados, se mencionó el carácter económico del trabajo reproductivo y del impacto de las decisiones macroeconómicas en la organización de los hogares, y por ende, en el trabajo doméstico y de cuidados. Los modelos heterodoxos ciegos al género comienzan a quedar, cuanto menos, obsoletos.

Pero también queda el sabor amargo de ciertos vicios y debilidades. Como el del comentario del respetado docente o el hecho de que en la mayor parte de las mesas el idioma fuera el inglés porque la minoría angloparlante no entendía español. O que incluso un trabajo sobre teoría decolonial se presentara en inglés sin pretensión alguna de diálogo con la historia y la coyuntura del país local. 

La economía, escindida de la política, por más heterodoxa-feminista-decolonial- que se proclame, será un ejercicio vacuo, incapaz de transformar. Escindirse de la política implica esquivar la pregunta por el objetivo.  Si la economía ortodoxa se define por buscar el equilibrio de los mercados, ¿qué fin persigue la economía heterodoxa? Es probable que haya tantas respuestas como corrientes, pero me atrevo a ensayar una: la política económica debe mejorar (como mínimo) la distribución del ingreso y hacerlo desde una perspectiva interseccional, teniendo en cuenta las brechas de género, raza y clase ¿Y lo que queda por fuera del ingreso monetario?¿La cuestión ambiental?¿El acceso a servicios básicos?¿La distribución del uso del tiempo? Desde la economía feminista se propone un horizonte utópico hacia el cual caminar: descentrar a los mercados para poner la vida, humana y no humana, en el centro. 


Que cada une recoja el sayo que le quepa y haga su aporte para nutrir las respuestas y hacer lugar a nuevas preguntas. Aunque a algunes les pese, cuando ya no queden ni unas ni otras,  parafraseando a Keynes, estaremos todas y todos muertos. 

*Economista (Universidad de Buenos Aires- IDAES UNSAM) – camilabaron@gmail.com






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