A media cuadra

lunes, 5 de junio de 2023

Mafias, lagartos y naufragios. Manifiesto para no perder el impulso

Foto: Presidencia de la República


El presidente Gustavo Petro insiste continuamente en que los problemas más graves de su gobierno, las dificultades y los tropiezos se deben a que la oposición de derechas lleva a cabo macabros y sofisticados planes para evitar que los planes se concreten.

Realmente, quienes escriben este manifiesto, como nóveles funcionarios del nivel nacional, consideramos que en este momento el peor enemigo de las políticas de transformación ha sido la Burocracia Mafiosa que constituye la estructura actual del Estado colombiano y su acápite ha sido una izquierda que aterrizó en el gobierno y ha sido completamente ineficaz al momento de ejercer el poder.

Intentemos iniciar punto a punto:

La burocracia mafiosa: 

Este concepto permite abarcar el tipo de organización estatal existente en el país. Explicar cuándo y cómo se constituyó no es el alcance de este texto. Se trata aquí de explicar el presente con el fin de tomar acciones.

El grueso de la estructura estatal está compuesto por un grupo de personas unidas en comunión con un modo de apropiación y manipulación de los recursos de la sociedad que funciona a grandes rasgos como sigue: 

Taxonomía del lagarto(a)

Tenemos un muy estable y acomodado grupo de personas que hace parte de los llamados popularmente “funcionarios de planta”. La estabilidad es fundamental y les permite trascender gobiernos. Un camino muy natural para llegar a ser empleado de planta es ingresar en un gobierno a través de una clientela. El Estado requiere un grupo básico de funcionarios estables, en este sentido cada cierto tiempo se realizan “concursos” o cooptaciones de distintos tipos, en especial a través de las llamadas plantas temporales que en realidad son casi perpetuas. En cuanto la persona deja de depender de la clientela, dicha clientela pierde su poder sobre la misma. El funcionario medio queda por fuera de las consideraciones políticas para su asignación e incluso es menos vulnerable a la manipulación y se le baja la urgencia de usar su puesto para acumular a como de lugar mientras le duren sus “15 minutos de fama”. Esta clase de funcionario (o funcionaria) no es el que más comúnmente “roba” en el sentido popular del concepto. Sin embargo, se convierte en el funcionario más claramente indolente. Con pocas excepciones, al funcionario de planta parece que le abandonan todas las pasiones humanas y su práctica cotidiana le lleva a confundir la realidad con los formalismos, los procedimientos, los protocolos, “la norma” y muy especialmente, por encima de las anteriores, la costumbre. A estos funcionarios poco les importa (o no tienen el alcance) para revisar si ciertos comportamientos heredados se encuentran en realidad dentro de la “sacro santa norma”, sólo se restringen a reproducirlos dentro de la entidad que les haya correspondido.

Sin embargo, el Estado colombiano no está constituido únicamente por este tipo de funcionarios de planta. La constelación de contratistas es abigarrada y compleja, variable en extremo. Trataremos de resumirla aquí:

1.1 Una masa relativamente importante de contratistas terminan -por ciertas condiciones muy particulares- pareciéndose mucho a los “empleados de planta” porque sus contratos se renuevan continuamente y sin mayores sobresaltos aunque pende siempre sobre ellos la espada de Damocles…estos funcionarios deben tratar de pasar lo más desapercibidos posibles, ser más dóciles que cualquiera y más solícitos, callar con mayor ahínco…procurar ser invisibles. Se mantienen allí porque son funcionales, por cierta inercia que no se ve perturbada mientras las condiciones a su alrededor no sufran sobresaltos. Siempre listos a acomodarse.

1.2 Tenemos también a la masa de contratistas directos e indirectos que dependen del Estado para tener trabajo. En son de evitar confusiones, no debe ponérseles nombre ni apellido, estas personas vienen y van un continuo vaivén, las personas pasan, lo que se mantienen es la estructura que los ocupa. El Estado actual no podría funcionar sin colmar de contratistas temporales estas estructuras. Esta condición económica permite mantener más la beligerancia, aunque el sueño de una parte importante de esta masa es abandonar el vaivén y establecerse. El sueño de otra fracción de esta masa, no mayoritaria, es mantenerse en la independencia, es esta parte del grupo la normalmente más crítica e inconforme.

Su función es llevar a cabo las tareas asignadas en el contrato y no tienen poder de asignación de recursos estatales.

1.3 Tenemos finalmente a los llamados funcionarios “de libre nombramiento y remoción”, básicamente a los que el ordenamiento jurídico les permite disponer con libertad la asignación de los presupuestos que les corresponden. Este grupo es fundamentalmente diferente al anterior básicamente por esta razón: Son quienes definen cómo, cuánto, cuándo, a quiénes y a dónde se asignan los recursos. El deseo de algunos de estos es el de aprovechar al máximo las circunstancias, para lograr contactos, aumentar relaciones y poder político, acumular como se pueda, mucho y en poco tiempo. Es aquí donde se encuentra la interfaz entre la administración estatal y el sector privado, que en muchas ocasiones no resulta ser otra cosa que una extensión de las inversiones públicas. Miles de empresas privadas que fungen como ejemplo de éxito individual no son otra cosa que sistemas de acumulación de recursos que pasan del sector público al sector privado en cantidades ingentes y que se legalizan como “ganancias” de lo más honestas. De hecho buena parte de la sociedad (ricos y pobres por igual) así lo ven, alimentado la mitología del esfuerzo concienzudo y honesto del pionero (en estos tiempos llamado “emprendedor”) Muchas fortunas privadas de los últimos no son más que el trasvase de recursos públicos a manos privadas y aún con ese trasvase, muchas de estas empresas siguen dependiendo de los contratos con el sector público para su existencia. Y estas relaciones también trascienden gobiernos, es una estructura que se mantiene en el tiempo, incólume hasta hoy. Conocer de manera matemática cuáles son estas empresas será de mucha utilidad para cambiar el Estado.

Foto Al poniente

Todo este entramado constituye algo llamado Burocracia Mafiosa, y sigue funcionando igual hoy, en mayo de 2023, donde un grueso del gobierno del Pacto Histórico se acomoda a ese molde, algunos con toda la claridad y otros simplemente por inercia, por no darse cuenta, por falta de claridad y dirección.

Por una parte, el ingreso de personas nuevas a las instituciones sigue funcionando a través del mismo mecanismo clientelar aunque ahora una parte importante de las clientelas son las que no habían estado antes en el poder nacional. Tienen ciertas diferencias, muchas ingresan a través de grupos y organizaciones con cierto nivel de formación ideológica y política previa, formados en algunas de las cientos de vertientes de aquel grupo heterogéneo llamado “la izquierda” Ingresan obnubiladas, con un respeto excesivo por lo que perciben como nuevos santuarios (la norma, la regla, los modales, las formas, los edificios) sentándose en los puestos directivos y en los más humildes cargos de coordinación de un equipo creyendo que estar allí ya les entrega el poder. Y no han sido pocos los que han dejado salir la soberbia descontrolada y brutal propia del que siempre se ha sentido marginado y de un momento a otro logra acceder a una posición de influencia.

Al llegar a cada nueva entidad quieren desaforadamente cambiar, borrar la huella e influencia del abyecto antecesor, procediendo con el error básico: Cambian la gente, sólo cambian la gente. Es inevitable en ejercicio del poder cambiar las fichas del antecesor por las suyas propias, evidentemente. Sin embargo, si lo que se desea también es transformar las relaciones de poder, se requiere cambiar la estructura, cambiar las costumbres y los modos de ser. De otra manera no se hará más que sacar los panes rancios y volver a verter harina nueva en los viejos moldes. 

Para cambiar la estructura se requieren dos cosas: La voluntad de hacerlo y para hacerlo, entenderla. Algunos directivos honestos han querido hacer cosas diferentes usando los viejos moldes y simplemente han terminado quemados. Su ímpetu ha terminado domesticado, arrojado en una jaula. ¿Por qué? Porque no se han tomado el tiempo de entender la estructura (no han logrado ir más allá de la más básica cacería de fichas del gobierno anterior, sean reales o supuestas) y porque han pretendido hacer cosas diferentes con el mismo molde.

Y otros, o se han acomodado rápidamente y su ímpetu se aplacó en cuanto la estructura los hizo suyos y ellos se dejaron poseer amablemente por el poder y el dinero o simplemente se han acomodado porque saben que a eso venían desde el principio. Porque son de las viejas clientelas o porque son de las nuevas que estaban en el Pacto sólo porque olieron correctamente la oportunidad de por fin ubicarse en puestos de relevancia, históricamente vetados a ellos (y a ellas). 

La cuestión no se resuelve cambiando a todos los que se puedan cambiar sino cambiando la manera cómo funcionan las instituciones y cómo se relacionan con el sector privado.

No basta con que el presidente Petro trate de cambiar esto sólo hablando y molestándose. Los mecanismos para que la voluntad se transmita a la realidad deben ser realistas, no solo de palabra. Si hay algo a lo que sabe acomodarse toda burocracia es a un jefe vociferante, tal como se acomodaba toda la corte a la Reina Roja de la obra de Lewis Carroll “Alicia a través del espejo” En cada entidad hay combinaciones de favores, poderes, manejos entre contratistas (sean nuevos o viejos) que reproducen la estructura y no les importa agachar la cabeza y alagar al impetuoso jefe nuevo mientras el mecanismo de acumulación siga funcionando.

Si mantenemos la creencia que la cuestión son las personas y no las estructuras puede pasar una de dos cosas: El que no se adecúa o lo revientan o lo cooptan.

El naufragio

Ahora pasemos a la actitud de aquello llamado “la izquierda” Hemos visto, de primerísima mano que está excesivamente temerosa de hacer cosas diferentes. Los contratistas nuevos y los nuevos funcionarios del Gobierno se han ido por el camino de mantener las costumbres de “siempre” porque sienten que es lo correcto, porque así no los van a mirar feo ni se van a meter en problemas judiciales o disciplinarios. Y no se trata que se adecúen a la norma (por ejemplo, la constitución) Si echamos un vistazo a la cantidad de mecanismos que se encuentran en la constitución y que podrían usarse para remover los cimientos de una sociedad injusta, se asombrarían. Sin embargo, no están aplicando tales mecanismos, lo que están aplicando es la costumbre, por las formas, por lo que se asume correcto aun cuando sea injusto y vil. 

Sea como sea, nos vamos a meter en problemas judiciales y disciplinarios, aunque nos adecuemos sumisamente a la costumbre (que no la ley) o que no lo hagamos. Si perdemos la oportunidad, si desperdiciamos el gobierno y no somos capaces de ejercer el Poder con más altanería y más orgullo, en últimas también, si perdemos el poder por tratar de congraciarnos con las estructuras burocrático-mafiosas traicionando las voluntades populares que nos pusieron aquí y que en 2019 y 2020 demostraron que perdieron el respeto por las viejas estructuras, entonces seremos encarcelados….mínimo, aunque hayamos demostrado ante las clases sociales aun dominantes que éramos los chicos buenos que performábamos mucho pero que al fin de cuentas éramos inofensivos o que nuestro único afán era acomodarnos. La historia no está para juegos. O cambiamos el discurso y nos sometemos a la estructura o sometemos la estructura y la cambiamos y mantenemos nuestro discurso. Una de dos.

Adicionalmente, la izquierda ha mantenido un error suyo que también es tan propio de nuestras clases sociales, las clases de abajo, que está minando nuestra eficacia: La desconfianza con nuestros pares. Se ha vivido en gobiernos alternativos anteriores, la cuestión es que ahora es más peligroso. Cada pequeño grupo, cada equipo nuevo que se conforma con nuestra gente en el gobierno, se siente en una absurda competencia con los demás. Hemos podido ver cómo la capacidad de acción se ha visto estúpidamente disminuida por la imposibilidad de trabajar en equipo. Nos sentimos más desconfiados de nuestros propios camaradas que de la tradicional burocracia mafiosa que es experta en salamerías y ejercicios técnico-retóricos. Programas que estaban dando resultados son abortados prematuramente por los ridículos celos y los infantiles afanes de figurar. Estos jefes, tristes jefes, no logran aglutinar a sus equipos alrededor de una causa con claridad y dignidad, de ponerle coto a esa dañina competencia que no se centra en el objetivo general del gobierno sino en los pequeños intereses de cada quien.

Creo que es hora de madurar, de comportarnos como verdaderos revolucionarios (los que lo seamos) en este gobierno, de juntarnos y actuar en todos los frentes y todas entidades como un mismo cuerpo con un objetivo y procederes claros que nos permitan enfrentar las estructuras burocrático-mafiosas y llevar a cabo los planes que nos trazamos.

Al interior del gobierno prácticamente todas las clases dominantes navegan la tempestad en su propio barco, es decir, tienen partidos políticos que los aglutinan y dirimen las diferencias internas de una manera adecuada. En cambio, nosotras y nosotros, los revolucionarios dispersos en el gobierno, navegamos la tempestad cada uno agarrado a una tabla diferente, algunos agarrados apenas a un palito de paleta…sin orden ni concierto, como si proviniéramos de un naufragio y no de una elección victoriosa. El llamado es que los revolucionarios actuantes en todas las entidades del gobierno y en las organizaciones de base empecemos a congregarnos, a actuar de manera ordenada, para sacar adelante los planes mínimos que se requieren y pueden llevarse a cabo en este momento.

En este momento, el enemigo más fuerte de este gobierno es la burocracia mafiosa que se mantiene tranquila porque la izquierda mansa no le remueve las estructuras. Y eso hace que los grupos políticos de oposición (que día a día van mostrando más sus dientes) encuentren un contendiente sin consolidar. No es que sean malos, es normal, en política no debemos asombrarnos ni molestarnos porque los grupos políticos que defienden intereses distintos a los nuestros traten de evitar que gobernemos. ¿Qué más natural que eso? El problema somos nosotros que lo permitimos por nuestros errores, por nuestra falta de acción y de definición. Es decir, ahora vienen ataques, ataques serios, están tratando de minar la ya de por sí poca capacidad legislativa del Pacto. ¿Por qué pueden hacerlo? Porque nos mostramos débiles y desordenados. ¿Cuál es la solución? ¿Esperar que nos traten bien, vociferar y quejarnos? La única solución es consolidar el gobierno. 

Que los medios de comunicación tradicionales tergiversan, exageran, mienten. En primer lugar, si creemos que la táctica para resolverlo es quejándonos nunca lo resolveremos, en segundo lugar, a veces lo que a estos medios les parece loable (honestamente loable) a nosotros nos parece reprochable, honestamente reprochable (y viceversa) porque la percepción de las cosas es distinta en cada caso.

¿Qué hace un gobierno quejándose que lo tergiversan y que no responde más que con unas pocas informaciones que circulan por nuestros propios grupos de Whatsapp? ¿Qué hace falta para que empiece a comportarse como gobierno nuevo y genere una novedosa y poderosa estructura comunicativa para plantear las cuestiones de otro modo más allá de WP?

¿Qué debemos esperar para empezar a hacer lo posible, desde cada uno de nuestros rincones, para que la reforma agraria sea una realidad y podamos cumplir el sueño de una Colombia libre de feudalismo y que esto facilite la protección de los bosques y las selvas?

Es hora de salir del closet y empezar a juntarnos, actuar y pensar de manera coordinada. Es hora de madurar compañeras y compañeros, de otro modo nos cosecharán viches.


MAS PUESTAS EN MARCHA, MENOS PUESTAS EN ESCENA.


1 comentario:

  1. La burocracia, ese fue el caballo de batalla del neoliberalismo para desmontar el Estado ¿cuál es la diferencia de nuestra propuesta?. Necesitamos una nueva ética social que nos dé el acicate para hacer cosas, eso lo hacen las religiones cristianas, nosotros debemos construir un nuevo discurso, un nuevo imaginario, algo que nos haga sentir como parte de un todo.

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