Luis Eduardo Tiboche - Revista Transiciones
Desde la revolución industrial y los albores del sistema capitalista, el uso intensivo de energía ha ido copando casi la totalidad de la vida humana y se ha convertido en un factor determinante del cambio climático. El crecimiento económico y de la producción trajo consigo un patrón de explotación y agotamiento de los recursos naturales y una producción creciente de gases de efecto invernadero y emisiones de carbono que inciden a nivel planetario.
En las últimas décadas, diversas iniciativas a nivel global han trabajado para buscar acuerdos entre las naciones que detengan los efectos de la crisis climática sin que los resultados de dichos acuerdos muestren logros reales para mitigar las emisiones hacia la atmósfera. De la misma manera, en diversos escenarios, se profundizan las voces y llamados que alertan del inminente agotamiento de los plazos que se han propuesto para no atravesar la barrera en la cual la crisis climática ya no tendría retorno.
Es preciso, entonces, construir alternativas que trasciendan la denuncia y permitan generar acuerdos y acciones desde las posibilidades de nuestro poder en el seno de la sociedad en crisis. Un escenario comunitario, como tantos otros, en el cual se genera un diálogo permanente sobre este deterioro y se plantean acciones que enfrenten y generen alternativas, desde el hacer y el pensar, es la Unidad de Agrocultura La Adela, ubicada en el suroccidente de Bogotá, en el territorio Techotiva. La Adelita, como se le conoce, es un lugar que hace poco más de una década era un lote lleno de escombros detrás de la Plaza de mercado de Kennedy, y que hoy, entre las muchas razones que allí se convocan, se ha transformado en un refugio para la agrodiversidad y la solidaridad. Es un aula permanente en la cual se encuentran organizaciones y personas para sumar estrategias y propuestas que consoliden la producción de lo común para el cuidado de la vida en el territorio.
Las discusiones y tejidos que se tienden en este espacio atraviesan el diario vivir de las comunidades y sus miembros, así que pasan por temas tan sensibles como la manera de vestirnos, de alimentarnos, de movilizarnos y vivir en las ciudades. A veces no asociamos el tema de la descarbonización al diario vivir, pues se nos ha planteado como un asunto de gobiernos, corporaciones, industrias, ongs, etc. Sin embargo, las labores, los oficios y consumos en los que transcurren nuestros días están sujetos al modelo de producción basado en el uso de combustibles fósiles.
Vestirse
Las prendas que nos ponemos a diario tienen un ciclo de vida corto y terminan formando enormes montañas depositadas en los basureros o incineradas. El sistema de producción de la empresa textil a nivel global extrae enormes cantidades de recursos no renovables. Se calcula que las emisiones de gases de efecto invernadero de esta industria pueden equivaler del 4 % al 8 % del total de emisiones generadas.
Como comunidades organizadas debemos exigir a la industria que produzca telas y prendas de mayor calidad y duración, a la vez debemos acudir al trabajo de las costureras y modistas que ajustan y recuperan nuestras prendas de vestir para darles un mayor tiempo de uso. De esta manera potenciamos la economía popular, pues la reparación de prendas, de zapatos y de un sinnúmero de objetos se encuentra en este sector de la economía.
Esta misma acción se debe extender a otros sectores, como los muebles, electrodomésticos o aparatos electrónicos.
Alimentarse
La producción de alimentos a nivel global en un modelo de monocultivo y alta producción agroindustrial genera en promedio un 26% de los gases de efecto invernadero. El modelo está sustentado en una utilización intensiva de combustibles fósiles en la cadena de fertilizantes nitrogenados, de maquinaria agrícola y el transporte de insumos y alimentos, además del uso de energía para los sistemas de riego y de agua potable que resultan profundamente contaminados al igual que los suelos. El cambio climático está generando una creciente crisis en la producción de los alimentos a nivel global, lo que obliga, a su vez, a un mayor uso de energía.
Desde la Adelita mantenemos un diálogo permanente sobre las formas de organización comunitaria para amasar la soberanía alimentaria, para ello entre las diversas organizaciones vamos constituyendo una Escuela agroecológica para el territorio y la región, en la cual generamos diálogo con organizaciones campesinas y procesos de abastecimiento -incluyendo las plazas de mercado- fortaleciendo circuitos cortos de comercialización y buscando además un diálogo permanente sobre la cultura del alimento.
Igualmente, hacemos parte de una red de huertas urbanas que producen algunos alimentos para el autoconsumo y árboles nativos. Al tiempo vamos construyendo una conciencia sobre el enorme daño que genera el basurero de la ciudad con sus emisiones de metano y la contaminación de las aguas de los ríos Tunjuelo y Bogotá. Esta conciencia va acompañada de una práctica cada vez más extendida de hacer aprovechamiento de los residuos orgánicos caseros principalmente y transformarlos en abonos y sustratos a partir de técnicas como el compostaje, la lombricultura y las pacas biodigestoras. En la Adelita aprovechamos parte de la biomasa generada en la Plaza de mercado para generar abonos para la huerta. Así mismo, contribuimos a generar conciencia y educación a través de medios populares de comunicación.
Moverse
Uno de los principales factores en la emisión de gases de efecto invernadero es el transporte y Bogotá es un ejemplo significativo en este campo. Según datos de organismos internacionales (BID), el transporte en la ciudad aporta un 24,3% de estos gases en el total estimado en la ciudad y la región cercana. Factores que son decisivos en este alto porcentaje de emisiones son la lentitud en la movilidad, los permanentes trancones producidos por la mala calidad de las vías públicas y la construcción simultánea de obras viales y de infraestructura y un deficiente sistema público de transporte.
Desde nuestras comunidades promovemos el uso de la bicicleta como vehículo no contaminante, al igual que exigimos un sistema de bici carriles y zonas de movilidad de bicicletas suficientes, amplias, señalizadas y con conectividad total. Es preciso demandar políticas que desestimulen el uso de vehículos particulares como medio de transporte masivo.
Revegetalizar
Luchar contra el cambio climático exige un esfuerzo enorme de parte de la ciudadanía en general y de las organizaciones sociales en particular. Una ciudad con un déficit creciente de árboles y zonas verdes que cada día desaparecen para dar paso a edificios y cemento que contribuyen a un acelerado aumento de los gases de efecto invernadero, debe tener un propósito para todos y cada uno de los más de 9 millones de almas que habitamos esta gran geografía. Cada día y sobre todo poblaciones de jóvenes se suman a la tarea de producir y sembrar árboles desde el cuidado, la protección y los procesos de germinación y crecimiento de las semillas. Ahora debemos profundizar el ejercicio y en grandes jornadas transformar el paisaje de una ciudad, que desde las sucesivas administraciones, es cada vez más gris. El asunto de sembrar la vida es una responsabilidad colectiva.
Territorio Techotiva Territorio de Agua
Agosto 2025


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