
Por AMC
Algunos le han preguntado a Doña Josefa, la administradora, otros a Martica, otros a los centinelas, Gilberto y Pedro, sobre quiénes son los nuevos habitantes que están en la parte posterior de la urbanización, incluso, algunos han preguntado con sospecha sobre los nombres de estas especies, así que valga esta nota aclaratoria, y empecemos por los más altos entre estos pequeños habitantes verdes. Hay dos largueros que ya empiezan a mostrar sus manojos, sus hojas son grandes y sonríen cada vez que ven el sol, esos o esas, vaya uno a saber su género, se llaman Amaranto, que viene a significar lo que no se marchita, se tiene conocimiento de que antes de la llegada del invasor, eran sembradas por los aztecas, incluso, se dice que la ciudad de Caracas también destila su nombre de la huella de esta planta. El amaranto era fuente principal de alimento para los pueblos originarios desde México hasta la tierra del Inca debido a su alto contenido de proteínas, aminoácidos y minerales. Por la misma razón, y dada su resistencia en ambientes difíciles, es cultivada durante los viajes espaciales desde 1985, así que obsérvela con respeto pues es una planta interplanetaria.
En sus hojas conviven una buena cantidad de vitamina C con distintos minerales como el calcio, el hierro y el magnesio, tan necesarios para los organismos de nuestra especie. Se puede usar para hacer ensaladas remplazando la lechuga o la espinaca, o para añadirle al guiso lo cual es recomendable para señoras y señores que sufran de estreñimiento y aflicción. Usted mismo puede utilizar algunas hojas de las matas que crecen en la urbanización, siempre y cuando le pida permiso a la planta y le hable con cariño.
Sus semillas son esferas diminutas muy potentes, contienen más proteína que el arroz o el trigo, su consumo es recomendado para homos sapiens o no tan sapiens que tengan problemas con el tráfico de sangre por las venas, pues dentro de sus pequeños cuerpos contienen ácidos grasos y almidones que ayudan a reducir los niveles de colesterol, también tiene componentes que ejercen una acción vasodilatadora. Con las semillas se pueden hacer sopas, harina, pan, tortillas, compotas y casi todo lo que se le pueda ocurrir.
Pero el amaranto no ha aterrizado solo en nuestra isla, vino acompañado de otras semillas que ya muestran sus tentáculos en este pedazo de tierra, si usted mira atentamente, podrá encontrar que a los pies del amaranto, crecen plantas de papa criolla, arracacha, cilantro, quinua, tomate, linaza, lulo, uchuva, entre otras, cada una de ellas debe tener su secreto y su fuerza, pero hay que hacer silencio para escuchar su crecimiento y para poder abrir otra página de esta extraña expedición.
Algunos le han preguntado a Doña Josefa, la administradora, otros a Martica, otros a los centinelas, Gilberto y Pedro, sobre quiénes son los nuevos habitantes que están en la parte posterior de la urbanización, incluso, algunos han preguntado con sospecha sobre los nombres de estas especies, así que valga esta nota aclaratoria, y empecemos por los más altos entre estos pequeños habitantes verdes. Hay dos largueros que ya empiezan a mostrar sus manojos, sus hojas son grandes y sonríen cada vez que ven el sol, esos o esas, vaya uno a saber su género, se llaman Amaranto, que viene a significar lo que no se marchita, se tiene conocimiento de que antes de la llegada del invasor, eran sembradas por los aztecas, incluso, se dice que la ciudad de Caracas también destila su nombre de la huella de esta planta. El amaranto era fuente principal de alimento para los pueblos originarios desde México hasta la tierra del Inca debido a su alto contenido de proteínas, aminoácidos y minerales. Por la misma razón, y dada su resistencia en ambientes difíciles, es cultivada durante los viajes espaciales desde 1985, así que obsérvela con respeto pues es una planta interplanetaria.
En sus hojas conviven una buena cantidad de vitamina C con distintos minerales como el calcio, el hierro y el magnesio, tan necesarios para los organismos de nuestra especie. Se puede usar para hacer ensaladas remplazando la lechuga o la espinaca, o para añadirle al guiso lo cual es recomendable para señoras y señores que sufran de estreñimiento y aflicción. Usted mismo puede utilizar algunas hojas de las matas que crecen en la urbanización, siempre y cuando le pida permiso a la planta y le hable con cariño.
Sus semillas son esferas diminutas muy potentes, contienen más proteína que el arroz o el trigo, su consumo es recomendado para homos sapiens o no tan sapiens que tengan problemas con el tráfico de sangre por las venas, pues dentro de sus pequeños cuerpos contienen ácidos grasos y almidones que ayudan a reducir los niveles de colesterol, también tiene componentes que ejercen una acción vasodilatadora. Con las semillas se pueden hacer sopas, harina, pan, tortillas, compotas y casi todo lo que se le pueda ocurrir.
Pero el amaranto no ha aterrizado solo en nuestra isla, vino acompañado de otras semillas que ya muestran sus tentáculos en este pedazo de tierra, si usted mira atentamente, podrá encontrar que a los pies del amaranto, crecen plantas de papa criolla, arracacha, cilantro, quinua, tomate, linaza, lulo, uchuva, entre otras, cada una de ellas debe tener su secreto y su fuerza, pero hay que hacer silencio para escuchar su crecimiento y para poder abrir otra página de esta extraña expedición.
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