(Carta
de Yuri Neira defensor de Derechos Humanos que se encontraba en exilio luego de
que fuera perseguido por autoridades estatales. Padre de Nicolás Neira quien
fuera asesinado el 1 de mayo de 2005 por miembros de la Policía Nacional –ESMAD-.)
Al
pasar los controles en el aeropuerto para regresar a casa nuevamente, después
de un descanso,
con plan vacacional denominado
"exilio" y patrocinado (no en lo económico) por la Policía Nacional, la Fiscalía General de la Nación,
Monseñor Alejandro Ordoñez y el ESMAD, entre otros, mi mente no repara en las extremas medidas de
seguridad aeroportuaria y entra en conflicto nuevamente, o mejor, reaparece el conflicto
interno con la intensidad de hace seis meses cuando salí con el plan vacacional del "Exilio".
¿Será que me detiene en el aeropuerto? O ¿cuando salga de él? ¿Camino a casa? ¿Ya se puede caminar por Colombia y en Bogotá más tranquilo? y no lo digo por la peatonalización de la séptima, sino porque la policía detenga y/o torture y/o asesine por el sólo hecho de ser defensor de derechos humanos. Estas preguntas y muchas más me asaltan la mente durante el largo recorrido a casa.
El placer de conocer otros países y otras personas es indescriptible y emocionante. Pero a su vez recuerdo que este plan vacacional lo logré por mi constante lucha en busca de la verdad sobre el caso del asesinato de mi único hijo, Nicolás David. Esta lucha se ha traducido en la búsqueda de justicia para muchxs que han sido víctimas de una locomotora de barbaries patrocinada por el Estado colombiano y ejecutada por sus sicarios, más conocidos como "LA AUTORIDAD COMPETENTE".
Ser otro indignado entre los indignados mineros, trabajadores estatales, estudiantes de otros lugares del mundo y acompañar sus marchas me dejó un sabor agridulce; fue bueno y triste saber que en los países primer mundistas, desarrollados, también hay inequidad y que el capitalismo salvaje y neo liberal también los afecta, menos o igual que a nosotros y da alegría saber que por esas tierras también hay gente que trabaja en pro de unos derechos abolidos, en lo que respecta a salud, vivienda y educación, como sucede en España.
La nostalgia no se hizo esperar el 1° de mayo, un día muy importante para mí, en el que hago un homenaje a la vida y a su vez a la muerte o mejor al asesinato de mi único hijo. Homenaje que siempre he realizado en las calles de Bogotá. Donde cayó asesinado por miembros de la Policía Nacional - grupo ESMAD en la Carrera 7 entre calles 19 y 18- y donde miles de personas me acompañan correando su nombre como símbolo de resistencia, como símbolo de denuncia, como símbolo de barbarie y símbolo de injusticia entre otros. Ese día pude decirle a un puñado de españoles lo que 7 años atrás ocurrió en Colombia, fueron tres minutos ante una multitud que desconocía la barbarie de las "AUTORIDADES COMPETENTES" de Colombia... también sentí su respaldo, su solidaridad; después, como por arte de magia, la soledad no me abandonó, como queriendo ratificar el vacío que dejo su partida.
Pero
todo esto desapareció al llegar al aeropuerto El Dorado y sentir la mirada
escrutadora y
maliciosa de las autoridades, que por más que ya
no lleven el traje con símbolos del DAS, sus mentes han sido entrenadas por ellos y muchos
son ex-funcionarios. Esa es mi locombia. Ya enchufado nuevamente en mi país mi
chip cambió tan rápido como cuando cambiamos de canal en la tv y ahí mismo el sentido de supervivencia
hizo que mi instinto iniciara un recorrido visual de todo y todos. Nuevamente
mi piel se puso arrozuda al ver tantas cámaras, armas, hombres de seguridad y
sus miradas inquisitivas. Pensé en el contenido de mis maletas, pensé si las
decomisarían (sólo traigo un vino para mi santa madre y una que otra cosita,
pensé) y salí sin contratiempos.
El exilio como práctica aberrante del Estado para callar las voces de las víctimas del conflicto (con muchos lo logran, pero a mi me ayudó a entender el por qué lucho, a comprender un poco más el contenido de la palabra MEMORIA, el significado de amistad, el valor de la familia) me permitió saber que en Colombia, a los trabajadores de los DDHH, abogados, periodistas, sindicalistas, estudiantes, campesinos, afros, mujeres, menores y demás pueblo colombiano, se les debe asegurar contra la inequidad, el hambre, la injusticia y la plomonia.
Regresé
para continuar con más ahínco en la búsqueda de la verdad y seguir apoyando la revolución
del pueblo por una real independencia, hasta mi muerte. Mil abrazos de mil
colores con miles de esperanzas... amor y anarquía.
Yuri
Neira

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