A media cuadra

lunes, 28 de enero de 2013

Editorial: Sobre la guerra mediática en Bogotá

A media cuadra


Presenciamos los atónitos ciudadanos el bombardeo mediático que se cuela en todo lo que tiene que ver con la administración de esta ciudad. Por un lado, están los medios masivos, e incluso algunos que se consideran independientes, atiborrándonos de datos innecesarios y conformando escándalos inexistentes pero que igual terminan en gritería.  Por eso nos enteramos de cosas insignificantes que de otra manera no hubiéramos atendido. Por ejemplo, supimos casi al detalle de los restos de basura que venían en los contenedores de los camiones importados, también supimos de la vida privada de los conductores que trajeron esos camiones desde Cartagena,  el tema de las basura en Bogotá ha sido llevado al aborrecible formato del reality. En solo dos meses produjo más titulares y columnas de opinión que asuntos que deberían latir en un país que aún permanece en guerra: Reforma tributaria; ataque frontales del capital a la biodiversidad, al territorio y sus habitantes; actos de flagrante corrupción en la formulación de leyes en diversos frentes; violación a los derechos humanos; y la lista se alarga. Es claro que los intereses de estos medios tienen poco que ver con el bienestar común o el derecho a la información.


Por otro lado está la administración distrital, recibiendo los golpes, aclarando, sobre informando, y hasta diciendo esas pequeñas frases de cajón que sirven para cualquier ocasión pero que en el contexto colombiano con su creciente y excesivo proceso de privatización y corrupción, que incluye las mismas leyes que nos rigen, siempre tienen su tufo de mentira, frases del tipo: todo estaba fríamente calculado o aquí somos pobres pero honrados, demuestran, además, una inclinación a cerrar filas contra la arremetida. Esto genera tal polarización, que pareciera que la campaña electoral en Bogotá no hubiera terminado, lo que va en detrimento del bienestar común,  e incluso, de los objetivos esenciales del Plan de Desarrollo elegido para la ciudad, tal como lo es el fortalecimiento de lo público mediante un incremento de la participación política. ¿Cómo participar si la crítica y la veeduría de los ciudadanos son percibidas como un ataque contra la administración? Si el objetivo es que la participación ciudadana sea el motor del  gobierno de la ciudad, lo último que se le puede pedir al habitante de la misma es que de entrada tenga que tomar partido en la confrontación. 


Es cierto que la ejecución del Plan implica evidenciar el conflicto permanente frente a los intereses económicos que han gobernado la ciudad por encima del bien común,  pero eso no quiere decir que los errores cometidos en su ejecución, lo que incluye mantener e instaurar pequeñas maquinarias en el interior de la administración con procedimientos e intereses inmorales e individualistas, desparezcan de la historia administrativa de la ciudad. No por tener un plan que no tolere la corrupción, y que logre ciertos avances al respecto, desaparecen las prácticas corruptas. Las evaluaciones triunfalistas que se dan desde la administración pretenden hacer invisibles muchas de las críticas necesarias para ir ajustando el Plan a la realidad concreta de la ciudad y del país.





Reiteramos ante esto que la administración y sus ilustres funcionarios deben salir más a la calle y dejar de ver tanta televisión, igual los grandes medios seguirán haciendo su trabajo, bueno para algunos incautos y terrible para los más concientes, no se le pueden pedir peras al olmo; pero no es allí en ese mundo inmaterial, conveniente y lustroso de los medios masivos donde se ganará la pelea, ante esto se debe recordar que Bogotá Humana ganó las elecciones en las calles, a pesar de la guerra mediática y la deficiente estrategia publicitaria de su propia campaña. 

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