A media cuadra

viernes, 15 de febrero de 2013

Inquietudes de una mamá por el país que le hereda a su hijo








Por: Anapotí

Tengo un bebé de un poco más de un año y sin olvidar las preocupaciones comunes relacionadas con la responsabilidad que conlleva dar a luz y lo agotador de la crianza de un nuevo ser, lo que realmente me desvela es el país que está heredando mi hijo y el contexto en que tendrá que desenvolverse.
Abro el periódico y a pesar de que estoy saturada de publicidad, noticias de farándula y deportes, hago un esfuerzo por leer las breves noticias que se publican y que me dan cuenta de lo que pasa en Colombia, en ellas descubro que Colombia ha venido firmando de manera sistemática Tratados de Libre Comercio o Acuerdos comerciales, los cuales consisten básicamente en la eliminación o rebaja sustancial de los aranceles para los bienes entre las partes y acuerdos en materia de servicios, así como el incentivo a la inversión extranjera, es decir, estamos dando un tratado preferencial a la entrada de bienes, servicios y capitales de varios países con la esperanza de nosotros poder hacer lo mismo en esos territorios.  Según me entero, ya estamos dando los primeros pasos en este tipo de relaciones con Canadá, Estados Unidos, México, el Triángulo Norte (El Salvador, Honduras y Guatemala), Comunidad Andina (Ecuador, Perú y Bolivia), Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Venezuela), Chile, Efta (Suiza y Liechtenstein) y la Unión Europea (conformada por 27 países europeos), ya gatean las firmas con Israel, Turquía, Costa Rica, Panamá y Corea y están en pañales las negociaciones con Japón, Comunidad del Golfo, Australia y China.

La promesa de que un empresario ya no va a tener alrededor de 45 millones de personas como sus potenciales consumidores sino más de 400 millones, que tendremos reglas de juego claras de largo plazo con otros países y la posibilidad de vender con bajos aranceles a nuevos mercados suena esperanzador, sin embargo me pregunto: ¿Qué podemos vender? ¿Con qué condiciones vamos a competir?

Doy vuelta a la página y advierto que nuestro país ha descendido en los índices de competitividad, el cual tiene cuatro pilares a saber: desempeño económico, eficiencia del gobierno, eficiencia de las empresas e infraestructura, en donde Colombia cayó en tres de los cuatro pilares y que por lo tanto en este indicador descendió del puesto 46 al 52; que tenemos problemas de infraestructura y que  movilizar un contenedor de 40 pies, desde el centro del país a los puertos, vale hasta cuatro veces más que en otras naciones en rutas equivalentes (costo sobre kilómetro), con similares distancias e independiente del modo de transporte y tipo de carga; que en términos de educación según las pruebas del Programa para la Evaluación Internacional de alumnos (PISA, por sus siglas en inglés), en matemática, los jóvenes colombianos están tres años de estudio rezagados en comparación con un estudiante francés promedio y en lectura dos años respecto de un estudiante británico promedio, en términos prácticos que nuestros jóvenes de 15 años saben leer pero no interpretan lo que leen; que las cifras de desempleo, desigualdad y pobreza de Colombia son de las más altas de la región.

Cierro el periódico con una sensación de ardor en el estómago, algo no encaja. En primer lugar, me causa cierta suspicacia la coincidencia que justo cuando se han contraído los mercados internos de ciertas economías, sus reiteradas preocupaciones por las muertes de sindicalistas, el cuidado del medio ambiente y los problemas de trabajo infantil, entre otros de los problemas que nos aquejan, dejan de ser relevantes y ya no son un obstáculo para la firma de estos Tratados o Acuerdos. 



Por otro lado, aflora la incertidumbre sobre la desigualdad de condiciones para poder hacer un intercambio comercial con estos países.  Siento a Colombia como mi bebé, aprendiendo a caminar en términos de competitividad y productividad. Se espera que con los Tratados firmados por Colombia se establezcan y generen sectores productivos de talla mundial[1], mientras que la contraparte ya los tiene desarrollados y lo que espera es consolidarlos y avanzar en nuevos mercados.  

Como buena colombiana busco culpar a alguien, pero me invade un largo y amargo silencio, este es la cosecha mía, de mis papás, de los papás de mis papás. Nuestra realidad es que durante el año 2011, ocho empresas concentraron el 53% de nuestras exportaciones totales, que el 25% de nuestras ventas al exterior tuvieron relación con exportaciones no tradicionales, me refiero aquellas que excluyen minerales y café, entiendo entonces que exportamos productos manufacturados aún sin ningún valor agregado significativo. Por su parte, para ese mismo año alrededor del 92% de nuestras importaciones correspondieron a productos denominados de bienes de capital.

¿Cómo explicarle a mi hijo que nuestra generación permite que sigamos extrayendo de nuestra Pachamama todos nuestros recursos naturales y los intercambiemos por computadores, ipads, juguetes electrónicos, alimentos procesados?, ¿Por qué dejamos de producir arroz, maíz y trigo y pusimos en riesgo nuestra seguridad alimentaria? ¿Qué modelo vamos a seguir? ¿Con qué vamos a competir? ¿Qué le podemos aprender a nuestros actuales y futuros socios?

Obviamente no tengo las respuestas, quizás suene a frase de cajón pero pienso en políticas de gobierno a largo plazo, en un verdadero sistema educativo que incentive nuevas formas de pensamiento, en un cambio de la cultura colombiana en la que no seamos tan propensos a beneficios en el corto plazo y que con esto podamos cambiar nuestro panorama, pero mientras tanto, los países que ya hicieron la tarea estarán llegando a nuestro mercado con productos atractivos y/o baratos y/o innovadores.


Me siento un poco agobiada. ¿Qué puedo hacer en un mundo donde los juguetes de mi bebé, sus camisetas y pantalones no hacen parte de la industria nacional? … pero me doy confianza, respiro profundo y miro a mi alrededor, levanto mi maleta Totto y el vestido de mi esposo que compré en Arturo Calle y con cierto orgullo nacional, le doy la vuelta para ver su marquilla, pero encuentro de un fulminante Made in China y prefiero no seguir mirando.

 
No tengo opción, algo debo hacer, no puedo cerrar los ojos y esperar que el otro haga. Pienso que mientras sigamos eligiendo a la misma clase política de siempre y cambiemos nuestra conciencia por un tamal, mientras Tv y novelas sea la revista más leída de Colombia, mientras importe más el nombre del hijo de Shakira que la cantidad de niñ@s con grado de desnutrición en nuestro país, mientras sea más importante los realities de RCN o Caracol a la realidad de quienes se levantan antes de las 4 a.m. para sacar sus hijos adelante, seguiremos perpetuando nuestra pobreza mental con la cual ningún modelo económico puede sacarnos adelante.

Tengo un gran reto como mamá y espero cumplir con el compromiso que adquirí y no decepcionar en el camino, también espero que el contexto me ayude, no ser la única con este tipo de pensamientos, espero que mis vecin@s, l@s futur@s mamás y papás, mis colegas, aquellos a quienes ni siquiera conozco compartan mis inquietudes y que de alguna manera que con las acciones que tomemos día a día le construyamos a los que vienen una oportunidad para una mejor calidad de vida.


[1] Según el Programa de Transformación Productiva (PTP) hay dieciséis sectores estratégicos, que a mi criterio son demasiados

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