Por: Anapotí
Tengo un bebé de un poco más de
un año y sin olvidar las preocupaciones comunes relacionadas con la
responsabilidad que conlleva dar a luz y lo agotador de la crianza de un nuevo
ser, lo que realmente me desvela es el país que está heredando mi hijo y el
contexto en que tendrá que desenvolverse.
Abro el periódico y a pesar de
que estoy saturada de publicidad, noticias de farándula y deportes, hago un
esfuerzo por leer las breves noticias que se publican y que me dan cuenta de lo
que pasa en Colombia, en ellas descubro que Colombia ha venido firmando de manera sistemática Tratados de Libre
Comercio o Acuerdos comerciales, los cuales consisten básicamente en la
eliminación o rebaja sustancial de los aranceles para los bienes entre las
partes y acuerdos en materia de servicios, así como el incentivo a la inversión
extranjera, es decir, estamos dando un tratado preferencial a la entrada de
bienes, servicios y capitales de varios países con la esperanza de nosotros
poder hacer lo mismo en esos territorios.
Según me entero, ya estamos dando los primeros pasos en este tipo de
relaciones con Canadá, Estados Unidos, México, el Triángulo Norte (El Salvador,
Honduras y Guatemala), Comunidad Andina (Ecuador, Perú y Bolivia), Mercosur
(Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Venezuela), Chile, Efta (Suiza y
Liechtenstein) y la Unión Europea (conformada por 27 países europeos), ya
gatean las firmas con Israel, Turquía, Costa Rica, Panamá y Corea y están en
pañales las negociaciones con Japón, Comunidad del Golfo, Australia y China.
La promesa de que un empresario ya no va a tener alrededor de 45 millones
de personas como sus potenciales consumidores sino más de 400 millones, que
tendremos reglas de juego claras de largo plazo con otros países y la
posibilidad de vender con bajos aranceles a nuevos mercados suena esperanzador,
sin embargo me pregunto: ¿Qué podemos vender? ¿Con qué condiciones vamos a
competir?
Doy vuelta a la página y advierto que nuestro
país ha descendido en los índices de competitividad, el cual tiene cuatro
pilares a saber: desempeño económico, eficiencia del gobierno, eficiencia de
las empresas e infraestructura, en donde Colombia cayó en tres de los cuatro
pilares y que por lo tanto en este indicador descendió del puesto 46 al 52; que
tenemos problemas de infraestructura y que movilizar un contenedor de 40
pies, desde el centro del país a los puertos, vale hasta cuatro veces más que
en otras naciones en rutas equivalentes (costo sobre kilómetro), con similares
distancias e independiente del modo de transporte y tipo de carga; que en
términos de educación según las pruebas del Programa para la Evaluación
Internacional de alumnos (PISA, por sus siglas en inglés), en matemática, los
jóvenes colombianos están tres años de estudio rezagados en comparación con un
estudiante francés promedio y en lectura dos años respecto de un estudiante
británico promedio, en términos prácticos que nuestros jóvenes de 15 años saben
leer pero no interpretan lo que leen; que las cifras de desempleo, desigualdad
y pobreza de Colombia son de las más altas de la región.
Cierro el periódico con una sensación
de ardor en el estómago, algo no encaja. En primer lugar, me causa cierta
suspicacia la coincidencia que justo cuando se han contraído los mercados
internos de ciertas economías, sus reiteradas preocupaciones por las muertes de
sindicalistas, el cuidado del medio ambiente y los problemas de trabajo
infantil, entre otros de los problemas que nos aquejan, dejan de ser relevantes
y ya no son un obstáculo para la firma de estos Tratados o Acuerdos.
Por otro lado, aflora la
incertidumbre sobre la desigualdad de condiciones para poder hacer un
intercambio comercial con estos países. Siento
a Colombia como mi bebé, aprendiendo a caminar en términos de competitividad y
productividad. Se espera que con los Tratados firmados por Colombia se
establezcan y generen sectores productivos de talla mundial[1],
mientras que la contraparte ya los tiene desarrollados y lo que espera es
consolidarlos y avanzar en nuevos mercados.
Como buena colombiana busco
culpar a alguien, pero me invade un largo y amargo silencio, este es la cosecha
mía, de mis papás, de los papás de mis papás. Nuestra realidad es que durante el
año 2011, ocho empresas concentraron el 53% de nuestras exportaciones totales,
que el 25% de nuestras ventas al exterior tuvieron relación con exportaciones
no tradicionales, me refiero aquellas que excluyen minerales y café, entiendo
entonces que exportamos productos manufacturados aún sin ningún valor agregado
significativo. Por su parte, para ese mismo año alrededor del 92% de nuestras
importaciones correspondieron a productos denominados de bienes de capital.
¿Cómo explicarle a mi hijo que
nuestra generación permite que sigamos extrayendo de nuestra Pachamama todos
nuestros recursos naturales y los intercambiemos por computadores, ipads,
juguetes electrónicos, alimentos procesados?, ¿Por qué dejamos de producir arroz,
maíz y trigo y pusimos en riesgo nuestra seguridad alimentaria? ¿Qué modelo
vamos a seguir? ¿Con qué vamos a competir? ¿Qué le podemos aprender a nuestros
actuales y futuros socios?
Obviamente no tengo las
respuestas, quizás suene a frase de cajón pero pienso en políticas de gobierno
a largo plazo, en un verdadero sistema educativo que incentive nuevas formas de
pensamiento, en un cambio de la cultura colombiana en la que no seamos tan
propensos a beneficios en el corto plazo y que con esto podamos cambiar nuestro
panorama, pero mientras tanto, los países que ya hicieron la tarea estarán
llegando a nuestro mercado con productos atractivos y/o baratos y/o
innovadores.
Me siento un poco agobiada. ¿Qué
puedo hacer en un mundo donde los juguetes de mi bebé, sus camisetas y
pantalones no hacen parte de la industria nacional? … pero me doy confianza,
respiro profundo y miro a mi alrededor, levanto mi maleta Totto y el vestido de
mi esposo que compré en Arturo Calle y con cierto orgullo nacional, le doy la
vuelta para ver su marquilla, pero encuentro de un fulminante Made in China y
prefiero no seguir mirando.
No tengo opción, algo debo hacer,
no puedo cerrar los ojos y esperar que el otro haga. Pienso que mientras
sigamos eligiendo a la misma clase política de siempre y cambiemos nuestra
conciencia por un tamal, mientras Tv y novelas sea la revista más leída de
Colombia, mientras importe más el nombre del hijo de Shakira que la cantidad de
niñ@s con grado de desnutrición en nuestro país, mientras sea más importante
los realities de RCN o Caracol a la realidad de quienes se levantan antes de
las 4 a.m. para sacar sus hijos adelante, seguiremos perpetuando nuestra
pobreza mental con la cual ningún modelo económico puede sacarnos adelante.
Tengo un gran reto como mamá y
espero cumplir con el compromiso que adquirí y no decepcionar en el camino,
también espero que el contexto me ayude, no ser la única con este tipo de
pensamientos, espero que mis vecin@s, l@s futur@s mamás y papás, mis colegas,
aquellos a quienes ni siquiera conozco compartan mis inquietudes y que de
alguna manera que con las acciones que tomemos día a día le construyamos a los
que vienen una oportunidad para una mejor calidad de vida.
[1]
Según el Programa de Transformación Productiva (PTP) hay dieciséis sectores
estratégicos, que a mi criterio son demasiados


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