(que aún no descansa en paz)
Por; Percú Bolsón. Colectivo de Maestros Leonardo Posada.
Defensor de presos políticos y rebeldes, su empeño por la defensa de los trabajadores públicos logró liberar a sindicalistas petroleros señalados por rebelión a través de montajes judiciales, a la par que conocía el flagelo de las desapariciones forzadas. Eduardo afuera de TELECOM, era el tipo que sonreía y al calor del tinto era un fumador corriente que se hacía familia con la familia de sus clientes. Según él, era necesario hacerlos sus amigos y llevarlos a su casa donde vivía junto a su esposa y su hijo. Lugar que convirtió en su oficina permanente.
Colombia es el país con más facultades de derecho en el mundo y a su vez, es el país con la mayor impunidad del planeta. Eduardo lo sabía, “hay una impunidad para los de arriba y represión para los de abajo”, como si esta afirmación, nos hiciera concluir que la impunidad en nuestro país fuera sinónima de desigualdad, pero de la desigualdad jurídica, la que se disfraza como “justicia sin rostro” y que irónicamente, aparece en su época para dibujar el rostro del Estado.
Militares y agentes bajo esta figura condenaron dirigentes de la USO y Eduardo en su defensa, demostró que no había sido creada para proteger a los jueces ante el narcotráfico. Mas bien, fue una estrategia para encarcelar a cientos de sindicalistas y a los dirigentes petroleros. La sistematicidad contra el movimiento obrero en Barrancabermeja y la defensa de estos trabajadores, fue más allá de los estrados y la cárcel. En el batallón Ricaurte estaba el informante que tiempo después, confesó que el ejército le pagaba para declarar contra hombres que nunca había visto en la vida, Pedro Chaparro y Cesar Carrillo y esta, quizá, sería la última defensa que asumiría.
“(…) hace aproximadamente quince días recibí sendas llamadas telefónicas (…) De la misma manera expresó que el motivo de mi asesinato tendría que ver con las averiguaciones y denuncias que he hecho en el proceso contra el dirigente sindical arriba mencionado, a quien defiendo en la actualidad. Decía que yo era un peligro para la investigación en la cual se buscaba condenar a Cesar Carrillo, ya que estaba descubriendo el “montaje” que habían hecho funcionarios de la Fiscalía y el CTI” (Cantor, Octubre 2009)
A Eduardo lo asesinaron un día de abril en 1998 cuando hombres que se infiltraron hasta su oficina como periodistas, dispararon varias veces contra él. Este fue el hombre que defendió a los empleados de TELECOM y el patrimonio de los colombianos. Este abogado no sonreirá más. Ya no sería posible ver al abogado que se comprometía a llevar a sus clientes hasta sus familiares cuando lograba su libertad. En su funeral, Eduardo Umaña Luna (1), su padre, se excusó y confesó haber sido el único responsable de su asesinato cuando “desde pequeño, le enseñara palabras de combate contra la injusticia social”.
Estamos en el 2020 y un colegio lleva su nombre, la plaza del centro que tanto lo vio andar se bautizó así y en el sindicato, los maestros asisten al auditorio Eduardo Umaña Mendoza, hoy son “Espacios del afecto y algunos vacíos del país”. Como diría el poeta del barrio Carlos Mayo (2), el abogado “aún no descansa en paz” ya que la impunidad que tanto combatió, archivó el proceso. Aunque todos nosotros hemos visto así sea por una vez en nuestras vidas, el rostro del asesino. El Estado.
“Entonces: el Estado investiga la muerte, administra justicia para los probables autores de la muerte, absuelve, y continúa de nuevo cometiendo todo. Es decir, tiene en su poder todas las etapas del control social en el proceso criminal” (Umaña, 2008)
Muy pocos abogados en el país pueden llamarse defensores del pueblo y por eso vale la pena mencionar esos otros abogados. Pareciera que en un país donde el abogado cumple el papel de legitimar la injusticia, la vida de Eduardo no fuera la de un abogado. Era la vida de un poeta.
La vida y el cuerpo de Eduardo se extienden en un papel a través de las palabras que teje Mayo después del asesinato y él, logra inmortalizar en esos lugares que hoy llevan su nombre y que negamos callar. El poeta se niega a la imparcialidad y ubica esta prosa en los ejercicios de la memoria y en la vida de los hombres que de pronto se hacen pueblo y nacen para la historia. La escritura de Mayo, asume las reflexiones de Beatriz Sarlo en su Tiempo pasado: cultura de la memoria y giro subjetivo que se acercan a este ejercicio entre pasado, el presente y el no olvidar a partir de sus propias palabras; “El pasado, para decirlo de algún modo, se hace presente. Y el recuerdo necesita del presente porque, (…), el tiempo propio del recuerdo es el presente: es decir, el único tiempo apropiado para recordar y, también, el tiempo del cual el recuerdo se apodera, haciéndolo propio” (Sarlo, 2005)
(que aún no descansa en paz)
Entre tanto dolor
mi mano recibe más dolor.
¿Alcanzarían las calles de la ciudad para escribir en ellas
la fila completa de los mártires?
Lista a la mano que agota.
Crece el corazón peligrosamente
con los nombres de los amigos desaparecidos.
Tiene alas, no le obedecen
en sus brazos se estremece el árbol de oliva
pero no se puede mostrar ni una rama.
El delito taconea tranquilo
va en el caos
es socio de muchas puertas
deja regadas las evidencias.
No existen testigos
en la ciudad de la tiniebla.
Destino y azar cuelgan
en la garganta de la muerte.
En el pais de los corruptos
el honesto se encuentra fuera
de la ley.
¿Quién no siente pánico
al sentir el silencio de un auto
que le usmea paso a paso?
¿Quién no dilucida su futuro no vivido
al penetrar laberintos de sombra
Y encontrarse entre la atmosfera
de su propio homicidio?
Cuando la muerte no nos quiere
como pasajeros de su auto
nos abalanza de repente su frenazo.
luego da un giro simple dejando ver sus cuencas
Y al irse, nos alumbra con su sombra de deseo.
(Carlos Mayo, 2002)
Poema del autor del territorio Techotiva Carlos Mayo, publicado en el libro de su autoría “Espacios del afecto y algunos vacíos del país” en el año 2002.
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(1) Junto a su padre mantuvieron una férrea oposición a la justicia sin rostro. Tanto padre e hijo, fueron fundadores del Colectivo de abogados José Alvear Restrepo. En el funeral Umaña Luna, se responsabilizó del asesinato de su hijo por enseñarle desde pequeño “palabras de combate”. Entre otras, Eduardo fue velado en la facultad de derecho al lado de la facultad de sociología que fundara su padre junto a Fals borda y en donde elaboraron, las tesis más profundas sobre la violencia en Colombia.
(2) Carlos Mayo es poeta de la localidad y nuestro territorio. Su extensa participación en espacios y talleres de literatura se resumen en su último libro publicado, “Talleres de Decolonización”. Deja a la luz su trayectoria literaria que en la localidad cuenta con la publicación de 14 ediciones del periódico comunitario “Camiliando” y el periódico “Nosotros”, proceso de literatura y de creación en barrios populares que, en su época, se acercaron a la realidad más profunda de lugares como Techotiva a través de la alfabetización. Este articulo se hace luego de leer su poema el cual hace esta experiencia, una búsqueda por las más sinceras expresiones literarias organizativas de la localidad. El semillero.
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Trabajos citados
Cantor, R. V. (Octubre 2009). Violencia y Trabajadores del Petróleo. Dialnet.unirioja, 327-357.
Mayo, C. (2002). Espacios del afecto y algunos vacíos del país”. Bogotá: Silbos Ediciones.
Sarlo, B. (2005). Tiempo pasado. Cultura de la memoria y giro subjetivo. Una. México: Siglo XXI Editores.
Umaña, C. E. (2008). Las altisonancias del silencio: “más vale morir por algo. Bogotá.: Casa editorial Pisando Callos.

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