A media cuadra

sábado, 13 de febrero de 2021

El Creepy en Kennedy ¿De dónde viene? y ¿A quién conviene?

 

Por Alberto Merchán De Las Salas

En lugar de huapuco, se come bazuco
Y en lugar de guarapo, marihuana dan
Y como consecuencia de esos malos cambios 
En nuestro paraíso se acabó La Paz
COCA POR COCO HERENCIA DE TIMBIQUÍ

El consumo de marihuana en Colombia actualmente pasa por diferentes debates sobre su legalización, su contribución medicinal para uso terapéutico, el porte de la dosis mínima como garantía constitucional o la promoción del consumo consciente. Sin embargo, cuando se indaga acerca del origen de lo que se consume, no se puede dejar de lado que lo que masivamente llega a las calles, deriva de disputas territoriales que han duplicado el consumo del prensado también llamado creepyel cual, hace parte de una organización y una estructura económica y militar.

Luego del proceso de desmovilización del paramilitarismo colombiano, esos ejércitos se empezaron a involucrar en diferentes actividades urbanas como la creación de negocios ubicados en el sector deportivo, mecánica automotriz, fruver y otros que funcionan como empresas fachada. En el caso particular de los jóvenes, a partir de la territorialización de espacios como las barras bravas. En Bogotá, esas estructuras han sumado actividades políticas dentro del movimiento estudiantil, a tal punto que lo han señalado como una vía para la “jibarización de la universidad pública”.

Luego de la dejación de las armas por parte de la guerrilla de las FARC-EP, ha sido inevitable contener la producción de drogas en algunos territorios del país donde operan diferentes clanes y carteles de droga. Actualmente, preocupa como en el departamento del Cauca, las poblaciones se han incorporado a la producción de marihuana, a tal punto que parece atractivo para los turistas conocer los invernaderos que “alumbran al departamento por las noches” y que hoy constituyen la única fuente de ingresos para las familias indígenas y campesinas.

En otras palabras, es necesario que entre consumidores y compradores cuando a sus manos llegue el producto, se tenga la claridad de responder ¿De dónde viene? y ¿A quién conviene? ya que todo apunta a que estas economías urbanas a partir del creepy y drogas, hacen parte de los actores armados, que por medio de su incorporación en comunidades, barrios y organizaciones populares, desarticulan los tejidos sociales. Para abordar este tema, no solo bastan los enfoques policivos y los que siguen suponiendo al consumo como una “trasgresión cultural y rebelde”.

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El Creepy

En las capitales cada vez que se menciona “el corinto” o “la santa marta golden” se habla en tiempo pasado. Algunos desconocen por completo estas variedades de marihuana que se distribuyeron en el país desde los departamentos de Magdalena, Cesar y Cauca desde la década de los setenta. La marihuana de acuerdo con estas geografías, varía su contenido y porcentaje de Tetracannabinol -THC-. Como afirma Antonio caballero, eran las épocas en que las señoras vendían las matas envueltas en papel periódico y también, era la época en que nacía el narcotráfico actual.  

En estas plantas su THC oscila entre el 1,0% y el 2,0% a diferencia de casi 90 variedades de marihuana que conocemos como “creepy” las cuales, surgen luego de procesos que alteran las semillas, crecen en invernaderos con el fin de acelerar la producción y la demanda del mercado desde las capitales y su THC es de un 18%[1]. No hace más de 15 años que los capitalinos encuentran en sus calles esta marihuana y que es llamada así, porque del inglés se refiere a sensaciones arrastradas por el miedo y lo horrible. Algo que acá se conoce como “el mal viaje”.

El desconocimiento sobre el Creepy, hace que la mayoría de sus consumidores no consideren que a diferencia de la marihuana tradicional debido a los procesos bio-quimicos que necesita su producción, si  genera dependencia, alteraciones en el estado de ánimo asociados a la depresión, perdida de la memoria y efectos dañinos en los pulmones (Amaya, 2018), como lo indican varios estudios que complejizan este producto desde diferentes campos de la salud y que alertan sobre algunas variedades que ya superan el 24% de THC. El estudio “Efecto del estigma sobre los consumidores de marihuana frente al consumo responsable” en donde se entrevista a varios consumidores de Creepy, evidencian problemas de autorregulación (Amaya, 2018, pág. 46).  

¿Microtráfico?

Con el Creepy llegaron también las expresiones de la cultura traqueta a la ciudad. El dialecto sicarial de “parce”, “sizas” o “suavena”, una narco-estética que exhibe el dinero y la ostentosidad en camionetas, casas de hasta 5 pisos con luces de neón, esculturas de mármol y vidrios plateados que garantizan la imagen del que tiene mejor estatus entre los vecinos del barrio[2] , además, de la narco-música de corridos mexicanos, alternado con vallenatos que nombran grandes capos y mafiosos en las emisoras. Pero esta representación de la vida facíl viene acompañada de otros términos y de un lenguaje que confunde a través de la pantalla cuando decomisan o incautan el creepy. El establecimiento a esto lo llama “microtráfico”.

Según la revista Política Criminal el microtráfico es el “tráfico ilícito de pequeñas cantidades de sustancias estupefacientes o psicotrópicas” y es una figura penal tipificada en algunas legislaciones vigentes, que define la cantidad de droga incautada, la pureza de la sustancia y su forma de ocultamiento”[3]. Esta definición, debido al énfasis que le da a la cantidad de incautación a alguien o alguna familia u grupo de pocas personas, no la relaciona directamente con los carteles de droga y con el narcotráfico. El vacío explicativo de este, oculta que estas redes que funcionan para la comercialización en colegios, barrio o universidades, también hacen parte de una red producción y suministro[4] que proviene de regiones rurales que controlan territorialmente los clanes, los carteles y las disidencias y en el que el “microtráfico”, vendría siendo el último eslabón del narcotráfico.

Para ubicar al “microtráfico” como parte del narcotráfico en el país, su origen se remonta en la ciudad de Medellín en donde Pablo Escobar con el ánimo de incrementar ganancias, crearía en las ciudades centros de acopio en el que cualquier persona podía ir a comprar las cantidades y en el momento que quisiera denominándolas como “La oficina”. Posteriormente esta “oficina”, sería la encargada de poner la droga en las calles de las ciudades de Estados Unidos (Nuñez, 2012). Sobre este escenario, vale recordar las experiencias que ha tenido nuestro territorio con “las oficinas”, en la localidad de Kennedy, en lugares como la central de alimentos Abastos, en donde operaba supuestamente “la banda más grande de “microtráfico” del país[5]. En el 2014 se arrestaron 9 personas dedicadas al “microtráfico” y que aparentemente vestían como habitantes de calle para no llamar la atención de las autoridades.

En realidad, este operativo de la policía nacional contra “el microtráfico”, sirvió como pretexto para estigmatizar y golpear a las familias más pobres ubicadas en lo que conocemos como “el cartuchito” y María Paz. La prensa, se ha dedicado a responsabilizar de estas actividades a los recicladores[6] en allanamientos especialmente a familias que no superaban los 8 miembros e incautaciones que no superan los 8.000 mil gramos. Mientras que los medios asocian el “microtráfico” a la población recicladora, los grandes capos han gozado de la tranquilidad para distribuir desde allí las mayores cantidades de drogas y marihuana que llegaban a la capital desde bodegas u “oficinas” de personajes como “alias el papero” que era parte de la junta directiva de CORABASTOS y junto a los Ochoa, amasaba una fortuna desde las bodegas de papa. Hoy es requerido por Estados Unidos.

Los falsos allanamientos y los montajes orquestados desde los CAI como el de ONEIDA, permiten comprender que el "microtráfico" es una estrategia discursiva que desvía la atención del verdadero problema para las autoridades. Por otro lado, sirve para criminalizar y extorsionar familias de estos barrios[7]. En 2013, el personero Luis Fernando Escobar que denunció los falsos positivos en Soacha y que posteriormente fue alcalde de nuestra localidad, se manifestó al frente de la puerta 6 de Abastos pidiendo su clausura en medio de un contexto dramático en el que se denunciaban desapariciones y desmembramientos al interior de este. Escobar enfatizaba que el hallazgo de 2 toneladas de marihuana a 600 metros de Abastos permitía que los barrios vecinos como el Amparo y María Paz fueran víctimas de lo que sería para él “un centro de delincuencia trasnacional”[8]. El tiempo le ha dado la razón a Escobar no solo con los falsos positivos puesto que hoy, Colombia cumple un papel protagónico en la importación de Creepy en países como Chile, Paraguay y Trinidad y Tobago donde constantemente desde el 2017[9], se incauta el producto que esta transformando el uso de marihuana tradicional en estos países.

Percukollage
La marihuana que lidera el mercado en nuestra localidad es esa y su control, está supeditado a los grandes carteles de droga, paramilitares y al poder que gobierna hoy al país, el narcotráfico. Me es necesario precisar estas economías y sus productos como el Creepy, en relación con lo que han denominado como “economías subterráneas” y que funcionan en las capitales desde aquella supuesta desmovilización de los grupos paramilitares. Para situar ese ejercicio en la localidad de Kennedy, me permito basarme en los estudios que hace el politólogo Gustavo Duncan en relación con las economías subterráneas y las autodefensas en “Del Campo a la Ciudad en Colombia. La Infiltración Urbana de los Señores de la Guerra”.

Me llama la atención como señala que fenómenos como la territorialización en las capitales se hace en un primer momento cuando las” antiguas estructuras” de las autodefensas, pandillas y otras, se incorporan en las centrales de ABASTOS, los San Andresito y los juegos de azar, convirtiéndose en “gérmenes de orden y en mecanismos para mejorar las ventajas competitivas de cada uno en la lucha por la obtención y conservación de los recursos escasos en disputa” (Duncan, 2005) y administrando funciones elementales que definen un Estado al que se llaman como “Estados primitivos” dejando a su albedrio los derechos de propiedad, los contratos y otros intercambios donde se agregan a tenderos y transportadores susceptibles a extorsiones y gota a gotas.

Estos “Estados primitivos” ¿cómo han llegado a establecerse en la localidad de Kennedy? La investigación de Duncan revela que el Bloque Nutibara y el Bloque Metro las cuales nacieron dentro de las Autodefensas Unidas de Colombia -AUC-, empezaron a disputarse el monopolio de las redes mafiosas para el dominio de las comunas de Medellín con el apoyo de Carlos Castaño y con el ánimo de establecer las “oficinas de cobro”. Sobre el 2004, y en los albores de la supuesta desmovilización, esa misma disputa “se desarrolla entre el Frente Capital, célula paramilitar vinculada al Bloque Centauro de Miguel Arroyave, y el Bloque República vinculado a la autodefensa de Martín Llanos, por el control de ciertos negocios y zonas de Bogotá en la que Arroyave al mando de 400 hombres se hizo a sectores como Kennedy estableciendo oficinas de cobro en los Sanadresitos, Corabastos y el 7 de agosto”. [10]

EL Creepy y una estrategia militar: Universidades, barrios y el Cauca.

Las Águilas Negras en la localidad de Kennedy aparecen en el año 2007 y 2008 con una campaña de limpieza social que a través de panfletos, señalaba a consumidores de drogas, ladrones y a quienes luego de las 10 de la noche no estuviera en casa. Los panfletos estaban en toda la Ciudad, pero en la localidad, se encontraban debajo de las puertas, en los postes y en los conjuntos residenciales, los celadores los repartían al que llegara del trabajo o el estudio. También recuerdo que entre los vecinos y algunos amigos víctimas de la inseguridad, ellos concordaban con las medidas que proponían. Y de esa manera, con una redacción confusa y pésima ortografía se garantizó la misma legitimidad con la que las autodefensas amenazaban a colaboradores de la guerrilla en los pueblos de Colombia.

Las Águilas Negras empezaron hacer lo mismo en las universidades públicas. Amenazaban profesores, estudiantes y trabajadores “comunistas” y “aliados de la guerrilla” y con nombre propio, empezaron a situar por medio de los panfletos, a quienes asistían a las asambleas, a las organizaciones estudiantiles, los sindicatos y colectivos, por medio de la infiltración. A pesar de que allí estudian jóvenes provenientes de sectores populares, también logró la aceptación de quienes reclamaban “normalidad académica”. A medida que se llevaban a cabo las amenazas era notorio el incremento de la venta de drogas, los jibaros que empezaban a parcelar sectores de las universidades. Los paramilitares como señala en profesor Frank Molano, en el mercado de la droga, generaron lealtades con los jibaros, soplones e infiltrados con el ánimo de despolitizar y controlar la universidad.

Mientras que amenazaban a los “drogadictos”, se inundaban las universidades de drogas, en la Universidad Distrital, sede Macarena se acostumbró a verse armados. En la Universidad Pedagógica en “la calle del pecado” amenazaban igualmente a los estudiantes y conectaron empleados del sector bancario al consumo de “perico”. En la Universidad Nacional, sobre esa época, decomisaron en un carro más de 5.000 dosis de marihuana Creepy. Aunque parezca irónico, señalar, estigmatizar, chantajear y amenazar en base a la prostitución, la delincuencia y la “drogadicción” por parte de paramilitares y las “Águilas Negras”,  estas estructuras sacaban crédito de aquella propaganda ya que actualmente son “los señores” de estos negocios en los barrios y universidades, un mercado de drogas del cual son los propietarios y hace parte de una estrategia militar que ha logrado romper los tejidos sociales, estigmatizar organizaciones populares, encarcelarlas y asegurar su despolitización, en una estrategia que se ha conocido desde la guerra fría como la “guerra de baja intensidad”[11].

Esta estrategia contrainsurgente logró el debilitamiento del grupo de autodefensa Panteras Negras en los barrios afro de los Estados Unidos, logrando la desarticulación de la organización cuando sus principales cuadros eran acusados de narcotráfico y al pactar el FBI con la mafia italiana, el consumo de heroína en los sectores populares que las apoyaba inundando de drogas los barrios negros. En Colombia, la Operación Orión liderada por el general Montoya y el Bloque Metro, tenía el interés de instaurar “Oficinas” y golpear las organizaciones sociales en las comunas creadas por Pablo Escobar en donde también, se origina una cultura traqueta regional y dominante en el país.

Las FARC y su organización centralizada a través de bloques, frentes y una estructura unificada través de un secretariado y un Estado Mayor, no fueron vencidas militarmente, pero con el tiempo, sus políticas tributarias a los carteles de la droga terminarían siendo el germen de esos pequeños frentes a las disidencias que conocemos hoy. Para Alfonso Cano la lucha de mantener a las FARC al margen del narcotráfico no fue fácil como admitió en una entrevista publica[12] sin embargo, fue enfático al afirmar que “ninguna unidad fariana, de acuerdo con los documentos y decisiones que nos rigen, pueden sembrar, procesar, comerciar, vender o consumir alucinógenos o sustancias psicotrópicas”. Respecto a eso, el historiador Medofilo Medina, en una carta abierta le responde a Cano que a las políticas internas que tenían las FARC sucede lo mismo que en Colombia, “que la ley se obedece, pero no se cumple”[13].

En las zonas de influencia de las FARC, se establecieron relaciones sociales y económicas que, en el caso de la coca, permitía que las familias campesinas e indígenas sembraran hoja de coca y se cobrara un impuesto a los compradores de coca y carteles como una de sus fuentes de financiación. Era inevitable que algunos frentes desviaran los lineamientos de las FARC ante el crecimiento del cultivo y la demanda del mercado internacional a pesar que algunas entrevistas a guerrilleros afirmaran la preocupación de Cano y el predecible costo político que tendría al afirmar que “Él era muy exigente sobre todo con el narcotráfico, él decía que nos iba a hacer mucho daño si caíamos en eso, era muy crítico con quienes empezaban con acciones mafiosas, la conferencia había aprobado el impuesto a quienes comerciaban con la droga, eso generaba grandes recursos a los mandos, sobre todo cuando no tenían la formación política elevada y se dejaban ganar del contacto con la plata y con quienes manejaban estos negocios (Palacios, 2020, pág. 77)”.

Las relaciones que establecían las guerrillas en sus zonas de influencia generaron un relativo equilibrio que no permitía el uso exclusivo de la tierra y la incorporación de las familias al mercado de drogas, pero luego de su desarme, inevitablemente se ha desatado una guerra por el control militar y territorial estratégico para el mercado de las drogas. En parte, por sus disidencias señaladas por los mismos comandantes del Estado Mayor como el frente 29 Oliver Sinisterra liderado por alias Guacho en el Pacifico, el cual antes de su desarme, Timochenko infructuosamente combatió, “oficinas”, carteles nacionales y mexicanos. En el caso del departamento del Cauca donde opera específicamente la disidencia Dagoberto Ramos y las BACRIM, el desarme de las FARC ha desatado el asesinato de lideres sociales, el desplazamiento y la incorporación de las familias en la producción del Creepy.

En el norte del Cauca, entre los municipios de Corinto, Miranda y Toribio que comprenden unas cien mil hectáreas, es llamado hoy “El triangulo de oro de cannabis” y según Jorge Orozco “Es en este territorio donde se produce la Creepy, una de las variedades de marihuana más potentes y apetecidas en el mundo”[14]. Para comprender las lógicas de acción del Creepy en los territorios y en la localidad de Kennedy, coinciden los panfletos amenazantes de las Águilas Negras, el aumento de la producción y de consumo en las calles capitalinas: “empezó la hora de la limpieza con esa manada de sapos hijueputas que no quieren dejar trabajar, tenemos mucha información de ustedes que están haciendo compromisos con gente del gobierno. Quieren guerra, la van a tener y empezarán seguir pagando muy caro”. Situación que empezó con panfletos y hoy, deja un gran saldo de guardias indígenas y lideres comunitarios asesinados y el desafío que tiene la guardia para que sus familias, no se incorporen a las lógicas que, a través del mercado de la droga, debilitaran su tejido social, la organización y las apuestas históricas de la Minga puesto que “Para muchos es el negocio de la vida pues cuentan que una libra de moño de creepy se está vendiendo entre $40.000 y $50.000”[15].  

Tomado de internet

Finalmente

El Creepy y el mercado de la droga han perpetuado sus consecuencias en la guerrilla más vieja del continente y en el mandato indígena del Cauca, razón por la cual pretendemos recalcar que el consumo de Creepy proveniente de estas estructuras y que llega a las manos de los habitantes de la localidad, perpetúan las actuales relaciones de poder. El poder actualmente condena el "microtráfico" en los colegios, focaliza a las familias más pobres como las autoras del flagelo del narcotráfico a través del discurso del “microtráfico”, pero tiene la mayoría de los senadores que desaprueban la legalización y a su vez, han llegado a ocupar puestos públicos y la presidencia de Colombia con el apoyo del lavado de dineros en el que los grandes capos como el Ñeñe, han asegurado la perpetuación del uribismo. El poder promueve la ilegalidad porque es su mayor fuente de riqueza y el discurso moral que asegura el apoyo de una sociedad conservadora. Por ello, antes que esperar su legalización en las siguientes ediciones de A Media cuadra, explicaremos como desde el auto cultivo y el consumo consciente, se toma distancia del mercado de las estructuras criminales.

Esta masificación de las drogas en sectores populares encuentra muchas veces un aliado ideológico a través los panfletos y en ocasiones, en las personas que ven en el consumo una aparente “cultura transgresora” contra el orden establecido. Algo totalmente falso ya que la falta de conciencia de donde viene el creepy, conviene a los sectores más conservadores y las estructuras que hoy controlan los territorios indígenas, campesinos y afro. Este artículo no tiene la intención de ubicar el consumo de marihuana en argumentos morales ni mucho menos condenarlo, sencillamente se elabora mientras en noticias siguen anunciando el asesinato de líderes sociales y masacres por quienes intentamos describir, son los mismos que expenden el creepy en nuestros barrios. Discusión que pasa inadvertida en las organizaciones bogotanas y muchas de ellas, han caído en fantasías reaccionarias como “el libre consumo” o los “fumatones”.

Al finalizar la escritura de este artículo, ha sucedido una coincidencia lamentable que ratifica su propósito. Ha llegado a nosotros un panfleto que sentencia a personas de la localidad de Kennedy, específicamente de los barrios del Tintal, Castilla y Valladolid con nombre y apellido. Nuevamente aparecen con la temeraria frase “…los niños buenos se acuestan antes de las diez, los niños malos los acostamos…” y esta vez, además de señalar a las “ratas” y “drogadictos”, el objetivo militar son personas de nacionalidad venezolana. Llama la atención que el panfleto en el que posa un águila negra use la misma estrategia señalada arriba contra consumidores y prostitutas con el animo de generar una aceptación general, cuando cada día se rechaza más la presencia de nuestros connacionales en el país.

Bibliografía

Amaya, C. ( 2018). Efecto del estigma sobre los consumidores de marihuana frente al consumo responsable. Bogotá D.C.: Universidad Javeriana.

Duncan, G. (2005). Del campo a la ciudad en Colombia, la infiltración urbana de los señores de la guerra. Bogotá: Universidad de los Andes.

Nuñez, I. D. (2012). Una aproximación al análisis del microtráfico de drogas en la ciudad de Bogotá desde el pluralismo jurídico. Bogotá: Universidad de los Andes.

Palacios, P. S. (2020). El intelectual orgánico en las FARC EP en el período comprendido entre 2000 a 2011, un estudio de caso de: Alfonso Cano. Bogotá: Universidad Nacional De Colombia.


[1] Marihuana de corinto cien por ciento campesina https://www.eltiempo.com/don-juan/historias/marihuana-de-corinto-cien-por-ciento-campesina-9630844

[2] Narco.estética y narco.cultura en Narco.lombia por Omar Rincón https://nuso.org/articulo/narcoestetica-y-narcocultura-en-narcolombia/

[3] El neologismo: microtráfico un macroproblema social https://www.upf.edu/web/antenas/elneologismomes//asset_publisher/GhGirAynV0fp/content/microtrafico-un-macroproblema-social

[4] https://repositorio.uniandes.edu.co/bitstream/handle/1992/11745/u619444.pdf?sequence=1

[5] Desmantelan la banda más grande de microtráfico en Corabastos https://www.bluradio.com/blu360/bogota/desmantelan-la-banda-mas-grande-de-microtrafico-en-corabastos

[7] Dos policías y un civil capturados por extorsión

 https://www.rcnradio.com/bogota/dos-policias-y-un-civil-capturados-por-extorsion

[8] La siniestra puerta seis de Corabastos https://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-13000552

[9] Incautación de marihuana colombiana en Chile puede indicar cambios en mercado

 https://es.insightcrime.org/noticias/noticias-del-dia/decomiso-marihuana-colombiana-chile-puede-indicar-cambios-mercado/

[10] Ibid Pág. 37

[11]Jibarización de la universidad pública en Bogotá, una vía para la militarización y criminalización por Frank Molano  https://prensarural.org/spip/spip.php?article4790

[12] Entrevista a Alfonso Cano 2011 http://www.indepaz.org.co/wp-content/uploads/2012/03/628_Enteevista-a-Alfonso-Cano.pdf

[13] Carta abierta a Alfonso Cano por Medofilo Medina http://www.indepaz.org.co/wp-content/uploads/2012/03/628_Carta-abierta-a-Alfonso-Cano.pdf

[14] Marihuana, disidencias y Bacrim: el temor regresa a las montañas del Norte del Cauca https://semanarural.com/web/articulo/asesinatos-de-lideres-indigenas-en-el-cauca/753

[15] Ibid.