Por Alberto Merchán De Las Salas
El consumo de marihuana en
Colombia actualmente pasa por diferentes debates sobre su legalización, su
contribución medicinal para uso terapéutico, el porte de la dosis mínima como
garantía constitucional o la promoción del consumo consciente. Sin embargo, cuando
se indaga acerca del origen de lo que se consume, no se puede dejar de lado que
lo que masivamente llega a las calles, deriva de disputas territoriales que han
duplicado el consumo del prensado —también
llamado creepy— el cual, hace parte de una
organización y una estructura económica y militar.
Luego del proceso de
desmovilización del paramilitarismo colombiano, esos ejércitos se empezaron a
involucrar en diferentes actividades urbanas como la creación de negocios ubicados
en el sector deportivo, mecánica automotriz, fruver y otros que funcionan como
empresas fachada. En el caso particular de los jóvenes, a partir de la
territorialización de espacios como las barras bravas. En Bogotá, esas
estructuras han sumado actividades políticas dentro del movimiento estudiantil,
a tal punto que lo han señalado como una vía para la “jibarización de la
universidad pública”.
Luego de la dejación de las armas
por parte de la guerrilla de las FARC-EP, ha sido inevitable contener la
producción de drogas en algunos territorios del país donde operan diferentes
clanes y carteles de droga. Actualmente, preocupa como en el departamento del
Cauca, las poblaciones se han incorporado a la producción de marihuana, a tal
punto que parece atractivo para los turistas conocer los invernaderos que “alumbran
al departamento por las noches” y que hoy constituyen la única fuente de
ingresos para las familias indígenas y campesinas.
En otras palabras, es necesario que
entre consumidores y compradores cuando a sus manos llegue el producto, se
tenga la claridad de responder ¿De dónde viene? y ¿A quién conviene? ya que
todo apunta a que estas economías urbanas a partir del creepy y drogas, hacen
parte de los actores armados, que por medio de su incorporación en comunidades,
barrios y organizaciones populares, desarticulan los tejidos sociales. Para
abordar este tema, no solo bastan los enfoques policivos y los que siguen suponiendo
al consumo como una “trasgresión cultural y rebelde”.
| percukollage |
El Creepy
En las capitales cada vez que se
menciona “el corinto” o “la santa marta golden” se habla en tiempo pasado. Algunos
desconocen por completo estas variedades de marihuana que se distribuyeron en
el país desde los departamentos de Magdalena, Cesar y Cauca desde la década de
los setenta. La marihuana de acuerdo con estas geografías, varía su contenido y
porcentaje de Tetracannabinol -THC-. Como afirma Antonio caballero, eran las
épocas en que las señoras vendían las matas envueltas en papel periódico y también,
era la época en que nacía el narcotráfico actual.
En estas plantas su THC oscila
entre el 1,0% y el 2,0% a diferencia de casi 90 variedades de marihuana que
conocemos como “creepy” las cuales, surgen luego de procesos que alteran las
semillas, crecen en invernaderos con el fin de acelerar la producción y la
demanda del mercado desde las capitales y su THC es de un 18%[1].
No hace más de 15 años que los capitalinos encuentran en sus calles esta
marihuana y que es llamada así, porque del inglés se refiere a sensaciones
arrastradas por el miedo y lo horrible. Algo que acá se conoce como “el mal
viaje”.
El desconocimiento sobre el Creepy,
hace que la mayoría de sus consumidores no consideren que a diferencia de la
marihuana tradicional debido a los procesos bio-quimicos que necesita su
producción, si genera dependencia,
alteraciones en el estado de ánimo asociados a la depresión, perdida de la
memoria y efectos dañinos en los pulmones
¿Microtráfico?
Con el Creepy llegaron también las
expresiones de la cultura traqueta a la ciudad. El dialecto sicarial de
“parce”, “sizas” o “suavena”, una narco-estética que exhibe el dinero y la
ostentosidad en camionetas, casas de hasta 5 pisos con luces de neón,
esculturas de mármol y vidrios plateados que garantizan la imagen del que tiene
mejor estatus entre los vecinos del barrio[2]
, además, de la narco-música de corridos mexicanos, alternado con vallenatos
que nombran grandes capos y mafiosos en las emisoras. Pero esta representación
de la vida facíl viene acompañada de otros términos
y de un lenguaje que confunde a través de la pantalla cuando decomisan o
incautan el creepy. El establecimiento a esto lo llama “microtráfico”.
Según
la revista Política Criminal el microtráfico es el “tráfico ilícito de
pequeñas cantidades de sustancias estupefacientes o psicotrópicas” y es una
figura penal tipificada en algunas legislaciones vigentes, que define la
cantidad de droga incautada, la pureza de la sustancia y su forma de
ocultamiento”[3].
Esta definición, debido al énfasis que le da a la cantidad de incautación a
alguien o alguna familia u grupo de pocas personas, no la relaciona
directamente con los carteles de droga y con el narcotráfico. El vacío explicativo
de este, oculta que estas redes que funcionan para la comercialización en
colegios, barrio o universidades, también hacen parte de una red producción y
suministro[4]
que proviene de regiones rurales que controlan territorialmente los clanes, los
carteles y las disidencias y en el que el “microtráfico”, vendría siendo el
último eslabón del narcotráfico.
Para ubicar al “microtráfico”
como parte del narcotráfico en el país, su origen se remonta en la ciudad de
Medellín en donde Pablo Escobar con el ánimo de incrementar ganancias, crearía
en las ciudades centros de acopio en el que cualquier persona podía ir a
comprar las cantidades y en el momento que quisiera denominándolas como “La oficina”.
Posteriormente esta “oficina”, sería la encargada de poner la droga en las
calles de las ciudades de Estados Unidos
En realidad, este operativo de la
policía nacional contra “el microtráfico”, sirvió como pretexto para
estigmatizar y golpear a las familias más pobres ubicadas en lo que conocemos
como “el cartuchito” y María Paz. La prensa, se ha dedicado a responsabilizar
de estas actividades a los recicladores[6] en allanamientos especialmente a familias que no superaban los 8 miembros e incautaciones
que no superan los 8.000 mil gramos. Mientras que los medios asocian el “microtráfico” a la población recicladora, los grandes capos han gozado de la tranquilidad para
distribuir desde allí las mayores cantidades de drogas y marihuana que
llegaban a la capital desde bodegas u “oficinas” de personajes como “alias el
papero” que era parte de la junta directiva de CORABASTOS y junto a los Ochoa,
amasaba una fortuna desde las bodegas de papa. Hoy es requerido por Estados
Unidos.
Los falsos allanamientos y los
montajes orquestados desde los CAI como el de ONEIDA, permiten comprender que
el "microtráfico" es una estrategia discursiva que desvía la atención del
verdadero problema para las autoridades. Por otro lado, sirve para criminalizar
y extorsionar familias de estos barrios[7].
En 2013, el personero Luis Fernando Escobar que denunció los falsos positivos
en Soacha y que posteriormente fue alcalde de nuestra localidad, se manifestó al
frente de la puerta 6 de Abastos pidiendo su clausura en medio de un contexto
dramático en el que se denunciaban desapariciones y desmembramientos al
interior de este. Escobar enfatizaba que el hallazgo de 2 toneladas de
marihuana a 600 metros de Abastos permitía que los barrios vecinos como el
Amparo y María Paz fueran víctimas de lo que sería para él “un centro de
delincuencia trasnacional”[8].
El tiempo le ha dado la razón a Escobar no solo con los falsos positivos
puesto que hoy, Colombia cumple un papel protagónico en la importación de
Creepy en países como Chile, Paraguay y Trinidad y Tobago donde constantemente
desde el 2017[9],
se incauta el producto que esta transformando el uso de marihuana tradicional
en estos países.
| Percukollage |
Me llama la atención como señala
que fenómenos como la territorialización en las capitales se hace en un primer
momento cuando las” antiguas estructuras” de las autodefensas, pandillas y
otras, se incorporan en las centrales de ABASTOS, los San Andresito y los
juegos de azar, convirtiéndose en “gérmenes de orden y en mecanismos para
mejorar las ventajas competitivas de cada uno en la lucha por la obtención y
conservación de los recursos escasos en disputa”
Estos “Estados primitivos” ¿cómo
han llegado a establecerse en la localidad de Kennedy? La investigación de
Duncan revela que el Bloque Nutibara y el Bloque Metro las cuales nacieron
dentro de las Autodefensas Unidas de Colombia -AUC-, empezaron a disputarse el
monopolio de las redes mafiosas para el dominio de las comunas de Medellín con
el apoyo de Carlos Castaño y con el ánimo de establecer las “oficinas de
cobro”. Sobre el 2004, y en los albores de la supuesta desmovilización, esa
misma disputa “se desarrolla entre el Frente Capital, célula paramilitar
vinculada al Bloque Centauro de Miguel Arroyave, y el Bloque República
vinculado a la autodefensa de Martín Llanos, por el control de ciertos negocios
y zonas de Bogotá en la que Arroyave al mando de 400 hombres se hizo a sectores
como Kennedy estableciendo oficinas de cobro en los Sanadresitos, Corabastos y
el 7 de agosto”. [10]
EL Creepy y una estrategia
militar: Universidades, barrios y el Cauca.
Las Águilas Negras en la
localidad de Kennedy aparecen en el año 2007 y 2008 con una campaña de limpieza
social que a través de panfletos, señalaba a consumidores de drogas, ladrones y
a quienes luego de las 10 de la noche no estuviera en casa. Los panfletos
estaban en toda la Ciudad, pero en la localidad, se encontraban debajo de las
puertas, en los postes y en los conjuntos residenciales, los celadores los
repartían al que llegara del trabajo o el estudio. También recuerdo que entre
los vecinos y algunos amigos víctimas de la inseguridad, ellos concordaban con
las medidas que proponían. Y de esa manera, con una redacción confusa y pésima
ortografía se garantizó la misma legitimidad con la que las autodefensas
amenazaban a colaboradores de la guerrilla en los pueblos de Colombia.
Las Águilas Negras empezaron
hacer lo mismo en las universidades públicas. Amenazaban profesores,
estudiantes y trabajadores “comunistas” y “aliados de la guerrilla” y con
nombre propio, empezaron a situar por medio de los panfletos, a quienes
asistían a las asambleas, a las organizaciones estudiantiles, los sindicatos y
colectivos, por medio de la infiltración. A pesar de que allí estudian jóvenes
provenientes de sectores populares, también logró la aceptación de quienes
reclamaban “normalidad académica”. A medida que se llevaban a cabo las amenazas
era notorio el incremento de la venta de drogas, los jibaros que empezaban a parcelar
sectores de las universidades. Los paramilitares como señala en profesor Frank
Molano, en el mercado de la droga, generaron lealtades con los jibaros,
soplones e infiltrados con el ánimo de despolitizar y controlar la universidad.
Mientras que amenazaban a los
“drogadictos”, se inundaban las universidades de drogas, en la Universidad
Distrital, sede Macarena se acostumbró a verse armados. En la Universidad
Pedagógica en “la calle del pecado” amenazaban igualmente a los estudiantes y
conectaron empleados del sector bancario al consumo de “perico”. En la
Universidad Nacional, sobre esa época, decomisaron en un carro más de 5.000
dosis de marihuana Creepy. Aunque parezca irónico, señalar, estigmatizar,
chantajear y amenazar en base a la prostitución, la delincuencia y la
“drogadicción” por parte de paramilitares y las “Águilas Negras”, estas estructuras sacaban crédito de aquella propaganda ya que actualmente son “los señores” de estos negocios
en los barrios y universidades, un mercado de drogas del cual son los propietarios
y hace parte de una estrategia militar que ha logrado romper los tejidos
sociales, estigmatizar organizaciones populares, encarcelarlas y asegurar su
despolitización, en una estrategia que se ha conocido desde la guerra fría como
la “guerra de baja intensidad”[11].
Esta estrategia contrainsurgente
logró el debilitamiento del grupo de autodefensa Panteras Negras en los barrios
afro de los Estados Unidos, logrando la desarticulación de la organización
cuando sus principales cuadros eran acusados de narcotráfico y al pactar el FBI
con la mafia italiana, el consumo de heroína en los sectores populares que las
apoyaba inundando de drogas los barrios negros. En Colombia, la Operación Orión
liderada por el general Montoya y el Bloque Metro, tenía el interés de
instaurar “Oficinas” y golpear las organizaciones sociales en las comunas
creadas por Pablo Escobar en donde también, se origina una cultura traqueta
regional y dominante en el país.
Las FARC y su organización centralizada
a través de bloques, frentes y una estructura unificada través de un
secretariado y un Estado Mayor, no fueron vencidas militarmente, pero con el
tiempo, sus políticas tributarias a los carteles de la droga terminarían siendo
el germen de esos pequeños frentes a las disidencias que conocemos hoy. Para Alfonso
Cano la lucha de mantener a las FARC al margen del narcotráfico no fue fácil
como admitió en una entrevista publica[12]
sin embargo, fue enfático al afirmar que “ninguna unidad fariana, de acuerdo
con los documentos y decisiones que nos rigen, pueden sembrar, procesar,
comerciar, vender o consumir alucinógenos o sustancias psicotrópicas”. Respecto
a eso, el historiador Medofilo Medina, en una carta abierta le responde a Cano
que a las políticas internas que tenían las FARC sucede lo mismo que
en Colombia, “que la ley se obedece, pero no se cumple”[13].
En las zonas de influencia de las
FARC, se establecieron relaciones sociales y económicas que, en el caso de la
coca, permitía que las familias campesinas e indígenas sembraran hoja de coca y
se cobrara un impuesto a los compradores de coca y carteles como una de sus
fuentes de financiación. Era inevitable que algunos frentes desviaran los
lineamientos de las FARC ante el crecimiento del cultivo y la demanda del
mercado internacional a pesar que algunas entrevistas a guerrilleros afirmaran
la preocupación de Cano y el predecible costo político que tendría al afirmar
que “Él era muy exigente sobre todo con el narcotráfico, él decía que nos
iba a hacer mucho daño si caíamos en eso, era muy crítico con quienes empezaban
con acciones mafiosas, la conferencia había aprobado el impuesto a quienes
comerciaban con la droga, eso generaba grandes recursos a los mandos, sobre
todo cuando no tenían la formación política elevada y se dejaban ganar del
contacto con la plata y con quienes manejaban estos negocios
Las relaciones que establecían las guerrillas en sus zonas de influencia generaron un relativo equilibrio que no permitía el uso exclusivo de la tierra y la incorporación de las familias al mercado de drogas, pero luego de su desarme, inevitablemente se ha desatado una guerra por el control militar y territorial estratégico para el mercado de las drogas. En parte, por sus disidencias señaladas por los mismos comandantes del Estado Mayor como el frente 29 Oliver Sinisterra liderado por alias Guacho en el Pacifico, el cual antes de su desarme, Timochenko infructuosamente combatió, “oficinas”, carteles nacionales y mexicanos. En el caso del departamento del Cauca donde opera específicamente la disidencia Dagoberto Ramos y las BACRIM, el desarme de las FARC ha desatado el asesinato de lideres sociales, el desplazamiento y la incorporación de las familias en la producción del Creepy.
En el norte del Cauca, entre los municipios de Corinto, Miranda y Toribio que comprenden unas cien mil hectáreas, es llamado hoy “El triangulo de oro de cannabis” y según Jorge Orozco “Es en este territorio donde se produce la Creepy, una de las variedades de marihuana más potentes y apetecidas en el mundo”[14]. Para comprender las lógicas de acción del Creepy en los territorios y en la localidad de Kennedy, coinciden los panfletos amenazantes de las Águilas Negras, el aumento de la producción y de consumo en las calles capitalinas: “empezó la hora de la limpieza con esa manada de sapos hijueputas que no quieren dejar trabajar, tenemos mucha información de ustedes que están haciendo compromisos con gente del gobierno. Quieren guerra, la van a tener y empezarán seguir pagando muy caro”. Situación que empezó con panfletos y hoy, deja un gran saldo de guardias indígenas y lideres comunitarios asesinados y el desafío que tiene la guardia para que sus familias, no se incorporen a las lógicas que, a través del mercado de la droga, debilitaran su tejido social, la organización y las apuestas históricas de la Minga puesto que “Para muchos es el negocio de la vida pues cuentan que una libra de moño de creepy se está vendiendo entre $40.000 y $50.000”[15].
![]() |
| Tomado de internet |
Finalmente
El Creepy y el mercado de la
droga han perpetuado sus consecuencias en la guerrilla más vieja del continente
y en el mandato indígena del Cauca, razón por la cual pretendemos recalcar que
el consumo de Creepy proveniente de estas estructuras y que llega a las manos de
los habitantes de la localidad, perpetúan las actuales relaciones de poder. El
poder actualmente condena el "microtráfico" en los colegios, focaliza a las
familias más pobres como las autoras del flagelo del narcotráfico a través del
discurso del “microtráfico”, pero tiene la mayoría de los senadores que
desaprueban la legalización y a su vez, han llegado a ocupar puestos públicos y
la presidencia de Colombia con el apoyo del lavado de dineros en el que los
grandes capos como el Ñeñe, han asegurado la perpetuación del uribismo. El
poder promueve la ilegalidad porque es su mayor fuente de riqueza y el discurso
moral que asegura el apoyo de una sociedad conservadora. Por ello, antes que esperar su legalización en las siguientes ediciones de A Media cuadra,
explicaremos como desde el auto cultivo y el consumo consciente, se toma
distancia del mercado de las estructuras criminales.
Esta masificación de las drogas
en sectores populares encuentra muchas veces un aliado ideológico a través los
panfletos y en ocasiones, en las personas que ven en el consumo una aparente
“cultura transgresora” contra el orden establecido. Algo totalmente falso ya
que la falta de conciencia de donde viene el creepy, conviene a los sectores más
conservadores y las estructuras que hoy controlan los territorios indígenas,
campesinos y afro. Este artículo no tiene la intención de ubicar el consumo de
marihuana en argumentos morales ni mucho menos condenarlo, sencillamente se
elabora mientras en noticias siguen anunciando el asesinato de líderes sociales
y masacres por quienes intentamos describir, son los mismos que expenden el
creepy en nuestros barrios. Discusión que pasa inadvertida en las
organizaciones bogotanas y muchas de ellas, han caído en fantasías reaccionarias como “el libre consumo” o los “fumatones”.
Al finalizar la escritura de este
artículo, ha sucedido una coincidencia lamentable que ratifica su propósito. Ha
llegado a nosotros un panfleto que sentencia a personas de la localidad de
Kennedy, específicamente de los barrios del Tintal, Castilla y Valladolid con nombre y apellido. Nuevamente aparecen con la temeraria frase “…los
niños buenos se acuestan antes de las diez, los niños malos los acostamos…”
y esta vez, además de señalar a las “ratas” y “drogadictos”, el objetivo
militar son personas de nacionalidad venezolana. Llama la atención que el panfleto
en el que posa un águila negra use la misma estrategia señalada arriba contra
consumidores y prostitutas con el animo de generar una aceptación general,
cuando cada día se rechaza más la presencia de nuestros connacionales en el
país.
Bibliografía
Amaya, C. ( 2018). Efecto del estigma sobre los
consumidores de marihuana frente al consumo responsable. Bogotá D.C.:
Universidad Javeriana.
Duncan, G. (2005). Del
campo a la ciudad en Colombia, la infiltración urbana de los señores de la
guerra. Bogotá: Universidad de los Andes.
Nuñez, I. D. (2012). Una
aproximación al análisis del microtráfico de drogas en la ciudad de Bogotá
desde el pluralismo jurídico. Bogotá: Universidad de los Andes.
Palacios, P. S. (2020). El intelectual orgánico en las FARC EP en el período comprendido entre 2000 a 2011, un estudio de caso de: Alfonso Cano. Bogotá: Universidad Nacional De Colombia.
[1] Marihuana
de corinto cien por ciento campesina https://www.eltiempo.com/don-juan/historias/marihuana-de-corinto-cien-por-ciento-campesina-9630844
[2] Narco.estética
y narco.cultura en Narco.lombia por Omar Rincón https://nuso.org/articulo/narcoestetica-y-narcocultura-en-narcolombia/
[3] El
neologismo: microtráfico un macroproblema social https://www.upf.edu/web/antenas/elneologismomes//asset_publisher/GhGirAynV0fp/content/microtrafico-un-macroproblema-social
[4] https://repositorio.uniandes.edu.co/bitstream/handle/1992/11745/u619444.pdf?sequence=1
[5] Desmantelan
la banda más grande de microtráfico en Corabastos https://www.bluradio.com/blu360/bogota/desmantelan-la-banda-mas-grande-de-microtrafico-en-corabastos
[6] Después
del Bronx, Distrito va por la olla cerca de Corabastos
[7] Dos
policías y un civil capturados por extorsión
https://www.rcnradio.com/bogota/dos-policias-y-un-civil-capturados-por-extorsion
[8] La
siniestra puerta seis de Corabastos https://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-13000552
[9] Incautación
de marihuana colombiana en Chile puede indicar cambios en mercado
https://es.insightcrime.org/noticias/noticias-del-dia/decomiso-marihuana-colombiana-chile-puede-indicar-cambios-mercado/
[10] Ibid
Pág. 37
[11]Jibarización
de la universidad pública en Bogotá, una vía para la militarización y
criminalización por Frank Molano https://prensarural.org/spip/spip.php?article4790
[12] Entrevista
a Alfonso Cano 2011 http://www.indepaz.org.co/wp-content/uploads/2012/03/628_Enteevista-a-Alfonso-Cano.pdf
[13] Carta
abierta a Alfonso Cano por Medofilo Medina http://www.indepaz.org.co/wp-content/uploads/2012/03/628_Carta-abierta-a-Alfonso-Cano.pdf
[14] Marihuana,
disidencias y Bacrim: el temor regresa a las montañas del Norte del Cauca https://semanarural.com/web/articulo/asesinatos-de-lideres-indigenas-en-el-cauca/753
[15]
Ibid.
