Por Andrés Sánchez
Aquí en Soacha, específicamente
en Ciudadela Sucre, también conocida como “la loma”, la pandemia fue vivida de
una forma muy distinta, aquí no se le temía tanto al virus como a uno de los tantos
jíbaros, las personas salían de sus casas con protección mínima y con el
pensamiento de ser imperecederos, entre esos estaba yo.
La gente con la que tuve contacto
le tenía miedo a una de esas patrullas de la policía, pues multaba a todo el
que se les atravesara, pero había que no perder el empleo, así
En medio de la crisis aquí en “la
loma” muchas personas no podían simplemente resguardarse en sus casas, muchas
de ellas no tenían que comer y solo sobrevivieron a punta de aguapanela y unas
tostadas de unos cuantos pesos, esta era una de las principales razones para no
quedarse en casa, el gobierno no terminaba de entender que muchas de estas
familias sobrevivían de vender unos cuantos dulces y bebidas tales como tintos
y aromáticas, la gente decía “esos ricos lo tienen todo y por eso dicen que nos
guardemos, uno no puede quedarse aquí porque se lo comen las ratas o las
deudas”.
Algo que vi con mis propios ojos fue el aumento de la inseguridad, ver a los ladrones abyectos, a los que hasta el mismo virus les tendría miedo, parados en una esquina, esperando como los gemelos Vicario a su víctima, para más tarde después de haberle quitado las pertenencias y hasta el último centavo a un desafortunado, ir al parque donde ya es costumbre venderlas por un precio paupérrimo, con lo cual piensan que llegarán a ser opulentos, pero no se dan cuenta que solo se condenan a una vida de desdichas, de la cual nunca van a poder salir, y por lo tanto, no podrán tener una vida tranquila.
Esa es la situación que trajo la pandemia, una situación triste, que no solo hacía que las familias del barrio se enfrentaran al virus, sino también al hambre, la inseguridad, y el desespero de perder a los que se aman, allí se encontraban muchos, algunos sin trabajo, algunos sin comida, otros sin siquiera una cama cálida.
Aquí termina este relato, el cual
viene desde lo alto, desde esa montaña donde el único feliz es el viento que
corre a través de mis dedos mientras escribo esto en una roca fría, con el
corazón vacío, lúgubre e incierto y con un montón de gente que trata de superar
la crisis, una crisis que es muy diferente para los que habitan este lugar.




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