Por Edgar Suárez Forero
Conocí a Carlos en una reunión en la alcaldía de Kennedy en alguna mañana del 2008. Entre los asistentes a la reunión él marcaba la diferencia, no solo por su gran tamaño o porque era el único que llevaba corbata, sino por el don de su palabra que, ordenada y bien modulada, entendía el contexto desde el que hablábamos y lo relataba buscando establecer acuerdos. En ese entonces Carlos Molano Gómez era el gerente de la Emisora 1430 AM, única emisora de radio ubicada en la localidad.
Al día siguiente recibí una llamada de Carlos en la que me invitaba a la emisora para participar en un magazín e intercambiar opiniones sobre la reunión a la que habíamos asistido. Un par de días después llegué hasta la casa esquinera que alojaba a la emisora, Carlos me recibió en su oficina, me presentó a su equipo de trabajo e hizo un recorrido por las instalaciones. Luego del programa de radio, como era su costumbre, sacó una hoja de papel y empezó a escribir mientras me hablaba. Siempre hacía un esquema de lo que quería poner sobre la mesa, fuera un plan, una agenda, una estrategia, una cuenta. Al terminar me entregaba la hoja para que recordara o estudiara lo referente. Otro papel para tu colección, me decía.
Estas visitas se fueron volviendo rutina, Carlos había dispuesto la sala de reuniones de la emisora para las sesiones de la mesa local de comunicación. Cada semana una peregrinación de periodistas de barrio de diversos pelambres llegábamos al lugar para conspirar sobre los tantos asuntos que nos ocupaban. El barrio de cada quien se había ampliado hasta Nueva Marsella, lugar donde quedaba la la emisora, allí reconocimos bares, tiendas, parques y terminamos metiéndonos en la cocina de la casa.
Como cuando era niño, volví al ritual de la radio. Llegaba justo a la hora para escuchar Encuentro Latino, el programa en el que Carlos oficiaba como locutor y director, el programa era el sábado y el domingo al medio día, un horario perfecto para desenguayabar. La voz de Carlos era amplia, daba abrigo, iba tejiendo su saber sobre la vida e historias de los músicos, evocando anécdotas, épocas y ciudades. Con versatilidad y ritmo, su palabra buscaba la pausa como si él también estuviera leyendo alguna partitura. La música programada era un ensueño de timbales, maracas y vientos, una muestra de su conocimiento enciclopédico sobre la salsa, el bolero y música del caribe.
Al aire
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| Programa Desde el Techo 2010 |
Dentro de las tantas ideas que Carlos Molano escribió en un papel estuvo la de hacer un programa de radio con los periodistas barriales de la mesa de comunicación en 1430 AM. Abrió la cabina a las voces de un grupo de ciudadanas y ciudadanos en el que confluían personas de distintos oficios y edades, lo cual no fue un asunto sencillo. Muchos de los que allí llegamos con afán por hacer radio no teníamos mayor idea de cómo hacerlo. Lograrlo requería un proceso de formación en radio para gente común. Se diseñó y exigió junto a toda esa concurrencia una política pública local que incluía la escuela de radio, algo que ya sonaba entre este gentío.
La escuela se hizo bajo la batuta de Carlos y, en algunas sesiones, él ofició como docente. De nuevo, su palabra y comprensión tuvieron buen cauce. Al programa lo llamamos Desde el techo, porque desde el techo todo se veía diferente. Durante una hora nos íbamos rotando la locución entre periodistas e invitábamos a artistas locales y líderes sociales y comunales para que contaran sus experiencias. el fondo musical eran las bandas cercanas. Recuerdo que en el primer programa estábamos nerviosos y sonábamos acartonados (creo que nunca dejamos de sonar así), como el programa tenía llamadas al aire, nos enredamos con las llamadas a pesar de que quienes estaban al otro lado de la línea, nuestra audiencia, eran amigos, colegas y familiares. Al día siguiente Carlos me citó en su oficina, yo creí que iba a señalarme algunos de los errores cometidos, pero no, solo dijo que la tarea ya estaba hecha, que el Padre Salazar había escuchado el programa y que la única objeción era que debíamos evitar el uso de algunas palabras como blasfemar, satánico o chimba, cuando me dijo esto último tenía una sonrisa dibujada, un gesto suyo habitual marcado por una picardía infantil. Luego añadió, esa puerta ya quedó abierta.
Carlos no siempre tenía tiempo para escuchar Desde el techo, solo entró a la cabina una vez y como invitado, le gustaba mantener la distancia para darnos independencia, lo que no quiere decir que no nos diera sugerencias y consejos para mejorar la labor.
Don Carlos
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| Carlos Molano - Encuentro Latino |
A pesar de que muchos no dejaron de llamarlo Don Carlos, ya fuera por costumbre, respeto o porque así lo nombraban en la emisora; los lazos del afecto se fueron consolidando. Por ello, Carlos, en aquellos tiempos, tuvo que meterse en varios roles, asesor comercial, prestador de plata, consejero matrimonial, confesor, celestino, profesor de ventas, paño de lágrimas, entre otros. A él le gustaban todos estos quehaceres y hablaba horas sobre el perfil y la impresión que le causaban, como él diría, tan peculiares personalidades y sus visitas llenas de líos y sorpresas.
En mi caso, la vida se volvió una serie de planes en los que siempre estaba Carlos, es difícil precisar cuando se empieza a hacer uno amigo de alguien, a veces son cosas que pasan en un día, a veces en años; el alto valor que Carlos le daba a la lealtad y a la amistad, me hace pensar que fue un asunto de tiempo. El trato que tenía con sus viejas amistades parecía estar cimentado en acuerdos indelebles; la complicidad, confianza y solidaridad se trasladaban a asuntos vitales, allí era cierto ese dicho de que a los amigos no se les niega un favor.
Tampoco se les niega el pasado, porque además el pasado se le sale a uno hasta por los poros: Carlos como buen narrador, traía a colación episodios de su vida, experiencias, que iban dando carácter a su versión, prioridad o gusto. En esa película que yo me iba montando sobre su vida, lo puedo recordar como un joven inquieto en el Colegio Santa Librada, también como futbolista, jugaba de defensa y arquero, me imagino que no se le pasaba ni una, como un estudiante riguroso y destacado, lo fue siempre, como militante de grandes y pequeñas causas, como un caminante y bailarín de la noche caleña o bogotana, como un periodista cultural de gran talla, como un hombre de radio, como un padre soltero viendo cambiar el siglo de su vida en medio de una ciudad fría.
Carlos sabía de la calle, por eso le molestaba que lo etiquetaran como alguien acomodado o conservador. ¿Quieres que te lleve en mi brillante y moderna camioneta? me preguntaba con sonriente ironía. Por supuesto Don Carlos, yo le contestaba siguiéndole el juego. La amistad también son esos guiones compartidos. Cuando la emoción le desbordaba la serenidad, se le salía el acento y el barrio vallunos y le subía el volumen a su grave voz, pero eso sí antes de echar el madrazo, seguramente justo, lo anunciaba con un perdóname la expresión, como para abrir una puerta a los malos modales, pero nada, hasta las malas palabras le sonaban elegantes.
Era de admirar la sagacidad e inteligencia que Carlos imprimía en sus diversos tratos, no fui un buen aprendiz pero seguí con entusiasmo sus lecciones, lo acompañé en innumerables gestiones y diligencias en asuntos que emprendimos juntos. Sus estrategias lograban darle la vuelta a una negociación o concretar una venta que parecía improbable, no era gratuito que la emisora que gerenciaba hubiera aumentado el número de oyentes e ingresos, generando rentabilidad a sus dueños, la Compañía de Jesús, pero también a él; tenía un trato en el cual parte de ese crecimiento también llegaba a su economía. Era abnegado para lograr esos resultados y para sortear los obstáculos que no fueron pocos ni minúsculos, pero aún así, los dueños se cansaron de que les fuera tan bien, terminaron el trato en medio de agudas turbulencias, de las que Carlos, con algo de molestia, logró un arreglo justo.
Encuentro Latino
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| Publicidad Encuentro Latino en A media cuadra |
La casa de Carlos queda sobre la avenida Boyacá, casi llegando a la Avenida de las Américas, a tres cuadras de la, ya desaparecida, 1430 AM. Generalmente, para su disgusto, la fachada de la casa estaba pintada con las firmas de los grafiteros novatos del barrio. Tras la puerta, después de un largo corredor, quedaba su apartamento, allí llevó su lugar de trabajo y en una pequeña oficina montó la emisora virtual Encuentro Latino Radio. En su hogar, su corazón oscilaba en el amor y cuidado por sus dos hijas, Andrea, la menor, dedicada al modelaje, y con quien Carlos vivió gran parte de su vida, y Angélica, la mayor, quien como él, siguió los pasos de la ingeniería y la administración, y quien, para el tiempo en que Encuentro Latino despegaba, lo convirtió en un tierno abuelo, al tener tres hijas con su compañero Yeisson. El abuelo Carlos se llenaba de nostalgia recordando sus tiempos de crianza al ver como crecía su familia. Para Carlos sus hijas eran su mayor orgullo y su flanco más vulnerable, el trato para ellas tenía su sello de cordialidad y cariño.
Encuentro Latino Radio fue su proyecto de investigación y difusión musical. Por ello allí se encuentran perfiles y biografías de músicos de todo el continente, con mayor presencia de aquellas y aquellos que se dedicaron a la salsa y al bolero. Carlos era celoso y cuidadoso con su producción; si algo lo sacaba realmente del carril, era que otros medios lo plagiaran o no citaran su autoría y su medio. Dado que esto sucedió varias veces, en medios de distintos países, se le iban bastantes horas en reclamos y revisiones. No era para menos, Encuentro Latino es una colección de reseñas que nombre a nombre y fecha a fecha, nos da una cartografía músical con contexto social y político que cruza los detalles de la vida y da cuerpo no solo a los más renombrados artistas, sino también a aquellos que desde atrás de los micrófonos y las pantallas, dan ritmo y brillo a los sueños.
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| Carlos Molano y sus hijas Andrea y Angélica - Foto Encuentro Latino facebook |
Para difundir esta información, Carlos tenía un amplio registro de las fechas de nacimiento y deceso de compositores, músicos e intérpretes, así como fechas memorables de sus carreras, por eso sus publicaciones son conmemoraciones y celebraciones para la gente que hace y goza la música. Seguramente si el escribiera este cuento empezaría con algo como: Apenas a unos días de que en su ciudad natal, Cali, empezara el estallido social, el 24 de abril del año 2021, fallece en la ciudad de Bogotá, Carlos Molano Gómez, desde Encuentro Latino acompañamos a su familia y amigos en esta despedida de quien, sin duda alguna, será una voz recordada en Techotiva y el mundo, como maestro de la vida, el periodismo y la música. ¡Cuánta falta nos hará su corazón sincero!
¿Qué aventura tenemos hoy mi gran amigo? Me saludaba la voz de Carlos en el teléfono cuando los días eran agitados. Me sorprendió que aceptara ser el gerente de la Agencia Techotiba, agencia de comunicación comunitaria conformada por varios colectivos de comunicación popular, artistas, periodistas, sembradores que nos rebuscábamos el día a día con nuestros oficios. Era un gigante tratando de caminar entre duendes y zanqueros, se divertía y apasionaba; pero desisitió de intentar sincronizar el desorden, entonces juntos buscamos otros molinos de viento, íbamos a las reuniones distritales de política pública de comunicación como quien va a ver una película al cine; en medio de los trancones bogotanos, discutíamos horas sobre los acontecimientos políticos y faranduleros del país, teníamos nuestro propio programa radial de opinión en la cabina de su brillante camioneta; salíamos a caminar por el barrio y sus personajes; emprendimos otras raras tareas, como redactar manifiestos u organizar con grafiteros de la localidad y amigos, la pintada de las superficies de los puentes vehiculares cercanos a su casa.
Cuando salí de la ciudad, nuestros encuentros fueron disminuyendo, pero siempre intentamos tener noticias de nuestras vidas, manteníamos largas conversaciones sobre su estado de salud, sobre mi estado de ánimo o sobre las amigas y amigos comunes. En estos tiempos de peste nos encontramos una vez al azar en medio del afán y un par de regalos, y luego programamos un encuentro, que sucedió igual que la vida, con notas de papel y música de fondo, porque como dicen justo ahora en Encuentro latino, es la radio que te corre por las venas:
Escuche aquí Encuentro Latino Radio http://www.encuentrolatinoradio.com/
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| Cuando los muros hablan, Av Boyaca con Av. 1 de mayo 2015 - Foto Alberto de las Salas |






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