No será suficiente para todo este abandono, pero vamos a hacerlo. Son tantas las vidas y tantos los muertos, tantos los surcos, tantos los esfuerzos de las abuelas para que el río sea río o la piedra sea piedra, que vale masajearse la cara y sacudirse el sueño para que nuestra inteligencia -la misma que nos ha permitido sobrevivir andando en el filo- sea la que empiece a acomodar las formas y los asuntos que nos conciernen como parte del juego y como gente del pueblo.
No será fácil, hasta ahora no lo ha sido. La inercia que llena las venas y los formularios, los grumos de la mentira, las autopistas del miedo y la avaricia, estarán aquí alimentando sus fantasmas bobos y sus cadenas, arreando la dificultad a cada paso, incluso dentro de las formas y los armarios que contienen nuestros quehaceres. Nos fastidiarán la frustración, el tedio o el afán como ya hoy nos hostigan, y vean con cuanta saña y desprecio. Por eso no cabe la duda entre las ruedas sueltas de nuestro destino.
Es tiempo de preparar la fiesta, y de eso si que sabemos, sabemos hacer rendir la fuerza y el alimento, alargar las horas y los días, cantar nuestra pena o nuestra gloria, hacer el fuego y la bebida, coser las palabras bajo la madrugada. Hay que activar lo aprendido en tantos devaneos y tropeles, miren que el sol nos reclama en su vientre, ya es hora de cosechar el amor que el viento ha regado sin cuidado, ya es hora de que suene la música.
Vamos a hacerlo.
Vamos a vivir sabroso
Editorial A media cuadra #46
Vivir y vivir sabroso
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