Por Iván Suárez.
| fotografía: Yimmy Cardenas |
Yolanda nació, creció y estudió en Bogotá, aquí mismo se casó y tuvo sus dos primeros hijos. Cuenta que tenía una vida normal, había terminado su carrera de Educación Preescolar en la Universidad Pedagógica Nacional en el año 1987, sin embargo, en el año 1997, la crisis económica entró a su hogar y tuvo que irse a vivir a su finca en Armero (Guayabal), con sus dos hijos pequeños.
Allí empezó una nueva vida. Lideró procesos comunitarios trabajando en la vereda donde vivía para conseguir el acueducto veredal. También trabajó en el colegio de la región, donde estudiaban sus hijos, y gracias a su experiencia y formación, se convirtió en un apoyo fundamental para el profesor de la escuela FAER, él trabajaba con todos los niños desde preescolar hasta quinto, Yolanda le propuso que él se encargara de tercero a quinto, y ella de los más pequeños, puesto que su proyecto educativo institucional había sido sobre lecto escritura y tenía mucha experiencia en el tema. Les dio buenos resultados, se organizó la escuela planteando grandes metas para la misma.
Gracias a su liderazgo, la llamaron y le propusieron que se postulara para concejal del municipio. Tuvo muchos coqueteos de partidos políticos y terminó postulándose por el Partido Liberal, pero perdió con otro compañero por seis votos. Yolanda fue nombrada profesora de Armero, Guayabal, en el colegio Darío Echandía, donde trabajó hasta que llegaron los paramilitares a la vereda. En ese entonces, ella era fiscal del acueducto, de manera que le pidieron llevar agua a una finca muy lejana llamada Versalles, ella se opuso porque era muy lejos y el tramo era en bajada, lo que ocasionaría la disminución del agua de las casas de la vereda, así que empezó a recibir amenazas y no tuvo otra opción que salir de su casa de noche junto a su familia. Igualmente, los paramilitares empezaron a pedir vacuna y a asesinar. El pueblo se volvió un caos.
Yolanda y sus hijos se desplazaron de nuevo, esta vez hacia Fusagasugá. Allí les tocó organizarse ante la violación sistemática de los derechos de las víctimas. Fue un proceso de organización con 260 familias para la exigibilidad de sus derechos. Dado su esfuerzo obtuvo la Secretaría Técnica de la Mesa de Víctimas de Cundinamarca. Trabajó por todo el departamento, ejecutando proyectos para madres cabezas de hogar. Allí nuevamente la amenazaron, a ella y a su hijo mayor, quien estudiaba en la Universidad de Cundinamarca, de modo que les tocó salir de Fusagasugá y seguir desplazándose, vivieron en tres departamentos de Colombia. Yolanda tuvo que irse del país por cinco años, regresó y no pudo alejarse de su esencia como líder en defensa de los derechos humanos, aunque esto le haya ocasionado dolor, como el atentado que sufrió uno de sus hijos en el año 2018 y la muerte de su esposo a causa de un cáncer y de una fuerte depresión por el desplazamiento del que fueron víctimas. Sin embargo, ella hoy vive momentos de paz y de reconocimiento por ayudar a la gente y gestionar procesos en defensa de los derechos humanos, esto la hace feliz. Por eso se vio obligada a sacar a sus hijos del país, pero sigue firme y mostrándole al mundo lo que ha pasado durante este conflicto armado.
Sus pasos hacia la dramaturgia y el teatro
Tras este regreso al país, se vincula a los procesos de articulación con organizaciones de víctimas y fue elegida coordinadora de la Mesa Distrital de Mujeres en Bogotá MAMVI y se presenta a una convocatoria en conmemoración del 9 de abril, realizada por Alta Consejería para la Paz. Con un tiempo muy reducido de preparación, hicieron un dramatizado en la Plaza de Bolívar que se llamaba “Un día en el CLAV” (Centro de Atención a Víctimas). Al año siguiente repitieron, Esta vez, Yolanda se propuso hacer una obra de teatro mucho más preparada, con guión y montaje. Cuando se reunió con las compañeras de la Mesa Distrital y otras entidades, le asignaron la responsabilidad de pensar cómo iba a ser la obra, de modo que construyó el libreto con varias ideas, mostrando lo que les ocurrió a las mujeres en el conflicto armado.
En esa época la MAMVI no hacía parte de las mesas de participación, era una mesa autónoma, que nace de las vivencias de cada una de ellas, pues en un principio lo que se quería mostrar era todo el sufrimiento, que, como mujeres, han tenido que vivir dentro del conflicto armado, pero mostrando también cómo han superado todas estas aflicciones. Paralelamente, trabajaba con otras organizaciones de mujeres en pro de las víctimas y después de un largo proceso se postularon como sujetos de reparación colectiva, surgiendo por resolución la aceptación por los hechos sobrevinientes al desplazamiento llamado GDSIA 092, obteniendo una sede para la organización en Kennedy.
Toda esa experiencia que ha vivido con organizaciones de mujeres le sirvió de base para argumentar el guión de la obra titulada “Mujeres sobrevivientes”, en la que cada mujer aporta las experiencias vividas a partir de hechos victimizantes. Empezaron a ensayar y presentaron la obra en el Concejo de Bogotá el 9 de abril de 2019, teniendo mucha acogida por el público asistente e incidencia en algunos medios de comunicación.
Se han presentado en muchos lugares, lo cual resulta muy significativo, puesto que se cuenta la historia de lo que sufrieron las mujeres en el conflicto armado, y paralelamente, narra cómo estos procesos han aportado a la construcción de memoria y a repensar el proceso de paz, ya que ellas hacen memoria y también aportan a la resiliencia de todas las mujeres. Posteriormente, en vista de lo impactante que fue la obra, las llamaron de algunas instituciones. Se presentaron en la conmemoración del día de los derechos humanos en la Alcaldía de Bogotá, también con mucho éxito. Como directora y libretista presentó la obra en presupuestos participativos, con ello compraron lo que necesitaban: escenografía, vestuario e instrumentos musicales. La obra tiene tres momentos: el primero es el reconocimiento de todas las víctimas que dejó el conflicto armado; el segundo es un homenaje a Colombia, por toda esta situación de violencia que Yolanda ha vivido; y el último muestra todos los hechos victimizantes de acuerdo a la Ley 1448 y se nombran varias mujeres líderes que han sido asesinadas.
En las primeras presentaciones Yolanda cuenta que ellas lloraban, pues no tenían ese proceso de superación del duelo y la obra les ayudó mucho en ese sentido, dado que han podido superar algunas situaciones dolorosas y han ayudado a cambiar de perspectiva e ideas a gente del común, por ejemplo, han sensibilizado a funcionarios, quienes en su mayoría no sabían la situación que muchas mujeres en Colombia han tenido que vivir, de manera que cuando se hace la presentación, por lo general la gente sale llorando. Yolanda quiere que su obra de teatro no sea vista solamente en Colombia, sino también en el exterior, como una forma de combatir y mostrar al mundo lo que les ha sucedido, en palabras de ella misma: “ahí estamos, cada día doy un paso adelante, pero a veces doy un paso atrás, en momentos de tristeza, pero sigo, esa ha sido mi vida… Las personas que hemos vivido la guerra, sabemos las consecuencias y cómo Colombia y tantas familias han sufrido, por eso hay que concientizar que la guerra no es el camino, hay que buscar soluciones, buscar cambios, pero si no conocemos la historia vamos a seguirla repitiendo…”

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