Por Edgar Suárez – A media cuadra
Sandra Patricia Isaza es excombatiente de las Farc y ex prisionera política. Prefiere no hablar de su vida antes del Proceso de paz, aunque allí se forjó con valores y principios, entendiendo la importancia de contribuir y estar al servicio de las comunidades; el amor por los demás es pilar fundamental para continuar en la lucha y sabe perfectamente que un pueblo con educación forjará los principios y cimientos del desarrollo y del progreso. Después de ser capturada y de estar en prisión fue incluida en el primer grupo de integrantes de las FARC que fue indultado en el marco de las negociaciones en el año de 2016.
Los excombatientes liberados fueron alojados en un hotel y empezaron el proceso de transición a la vida civil, lo que incluía la obtención del documento de identidad, la búsqueda de familiares por parte de la (ACR) ahora llamada Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN), la bancarización, entre otras diligencias. En este camino, y dado el conocimiento que tenían sobre la importancia de las organizaciones sociales, junto a algunas de sus compañeras y compañeros, conforman la Fundación Colombiana de Excombatientes y Promotores de Paz (FUCEPAZ), la primera organización social gestada por excombatientes.
Fue la educación el pilar inicial de Fucepaz. Aunque en la guerrilla tenían procesos educativos y de alfabetización, muchos excombatientes no habían formalizado su educación, así que empezaron, junto a la UNAD, a diseñar y realizar un ejercicio pedagógico, flexible para adultos en edad extraescolar, ajustándolo a las necesidades de su gente, algunos de ellos en condición de discapacidad. Esto se hizo en un aula improvisada en el comedor del hotel en el que vivían. En corto tiempo vieron que los esfuerzos se materializaban en compañeras y compañeros que lograron graduarse de la secundaria.
Para Sandra y Fucepaz es claro que la formación educativa es la que permite el progreso y desarrollo de las comunidades, así que como organización social deciden emprender un proyecto, que ya se venía gestando desde los diálogos en la Habana, elaborado en conjunto con el Consejo Noruego para Refugiados y con el apoyo económico de la Embajada Noruega, llamado Arando la Educación, proyecto al que luego se vincula el Ministerio de Educación Nacional (MEN). Es en el marco de esta iniciativa que se hace una primera caracterización en terreno sobre el nivel educativo y necesidades de los firmantes del Acuerdo de paz y se sistematizan, las experiencias educativas y pedagógicas ejercidas por la guerrilla en medio del conflicto y las nuevas estrategias educativas que se llevan a cabo en los diferentes espacios territoriales para la capacitación y reincorporación, logrando, así diseñar un modelo educativo ajustado al contexto histórico y social, llamado Arando la Educación para la Paz.
“El proyecto Arando la Educación desde su primer momento ha venido articulando con las secretarias de educación y los establecimientos educativos que certifican los beneficiarios y beneficiarias del proyecto, y con quienes Fucepaz, reitera sus agradecimientos por acompañar y apoyar este ejercicio; a la vez desde el proyecto queremos dejar capacidad instalada en los territorios, fortalecer a las instituciones educativas para que puedan ofertar la educación para jóvenes en extra edad y adultos.”
Para Fucepaz este primer ejercicio es muy significativo, porque permitió, por un lado, empezar a formalizar su trabajo con recursos destinados para el Proceso de Paz, fortaleciendo su dinámica de educación interna, y por otro, poder trabajar un modelo formal, siempre en elaboración, con malla curricular y metodologías propias para replicar en diversos territorios, . Fucepaz se ha centrado en acompañar este proceso de formación académica tanto para firmantes del Proceso de Paz como para las comunidades aledañas.
Este proyecto ha logrado más de 2000 personas graduadas como bachilleres y un apoyo permanente para que los firmantes tengan acceso a la universidad y a estudios técnicos y tecnólogicos, estableciendo convenios con centros educativos como la UNAD o la CUN. Este acceso a la educación superior se hace generalmente de manera virtual para que las comunidades puedan hacerlo desde los territorios, pero se ha encontrado como barrera, la falta de conectividad que persiste en zonas rurales de todo el país.
Sandra ha visto los cambios importantes en sus compañeros y compañeras, así como en las comunidades aledañas, que surgen del proceso educativo realizado a nivel territorial; encuentra que, después de más de un lustro de trabajo, hay comunidades y firmantes mucho más empoderados y conocedores de las problemáticas que los afectan, que participan en las Juntas de Acción comunal y conforman mesas técnicas e instancias de participación en los territorios, lo que se traduce en una interlocución más efectiva entre las organizaciones y con las instituciones del Estado.
Otro proyecto en el que ha participado Fucepaz es el Programa Ambientes para la paz, vida digna y reconciliación, realizado con el Consejo Noruego, este proyecto se desarrolló con 47 organizaciones sociales de los departamentos del Caquetá, Meta y Guaviare. Para Sandra, los componentes de este programa arrojaron buenos resultados para los territorios y comunidades, dado que se logró que la población participante se vinculara a oficios y saberes útiles para proyectos productivos. Se obtuvo preparación para técnicos en agroecología, operadores turísticos, asistentes financieros; esto permitió articular saberes y oficios a procesos de turismo comunitario, espacios de participación ciudadana, reforestación, protección ambiental, agendas ambientales y fortalecimiento organizacional.
El último cuatrenio no fue fácil para el cumplimiento de los Acuerdos de Paz, incluso el Programa ambientes para la paz, vida digna y reconciliación se detuvo hace un par de años. Para Sandra, el Gobierno de Duque fue realmente un revés para el proceso, pues su compromiso con el mismo era casi nulo, pero aún así, se encontraron personas súper comprometidas con la paz, con ayudar a construir país, y, frente a estas personas sienten más que agradecimiento, tal como ella lo dice “de todas las cosas negativas siempre hay que recoger lo positivo para no generar traumas en el espíritu y en el alma”, así que la fuerza colectiva para sostener el proceso de paz en un escenario hostil, los fortaleció como organización.
Sandra advierte que con el cambio de gobierno se le puede dar un nuevo impulso a la paz, pero sobre todo piensa, y siente que es fundamental, forjar los pilares de un gobierno para las mayorías que se pueda sostener en el tiempo, aclara, que esa no es tarea de Petro y del gobierno exclusivamente, sino que la responsabilidad de lograrlo recae sobre todo en las organizaciones sociales y la sociedad civil.



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