A media cuadra

miércoles, 29 de mayo de 2024

Del celuloide y las aulas: otras formas de comunicación alternativa y de construir comunidad

 


Por Andrea Jaramillo

La caja negra, como el contenido secreto, la magia de lo oculto y a la vez la luz, puede ser también la cámara oscura, la visión estenopeica, desde la antigüedad revelando imágenes, luminiscencia…

Conocí a Juan Camilo Rodríguez Manrique, filósofo y magister en educación de la Universidad Nacional, en una de las tantas ediciones de la Cátedra Cinemateca que reúne a los apasionados por el cine. En aquella interacción de opiniones, lecturas y pasiones cinéfilas, Juan Camilo, también profesor de la SED Bogotá, compartió su historia del Cine Club escolar La Caja Negra, un espacio que él cofundó y que nació en el INEM de Kennedy. Tradicionalmente, los cineclubes se han considerado espacios para expertos, universitarios o aficionados, pero Juan Camilo ha demostrado que también pueden ser una herramienta poderosa de aprendizaje y creación dentro de las aulas.

En la escuela, el cine suele estar relegado a las asignaturas de humanidades y rara vez se utiliza como una herramienta de aprendizaje formal. Su función suele ser más de entretenimiento o de apoyo a otros temas, pero no se explota su potencial como un fin educativo en sí mismo. La Caja Negra rompe con esta tradición, constituyéndose como un espacio de proyección y producción audiovisual para y por estudiantes, con miras a convertirse en un referente para la comunidad.

El inicio: un proyecto que surgió por la pasión por el cine

Juan Camilo nos habló de su experiencia como docente en colegios con un enfoque empresarial, donde la comunicación era un componente importante de sus proyectos. Sin embargo, esa estructura cerrada lo motivó a pensar en un cineclubismo más libre y abierto al territorio.

“¿Por qué no hacemos un cineclub?”, se preguntó Juan Camilo, quien ya tenía experiencia en un cineclub universitario. Le propuso la idea a su compañero Alejo, y juntos decidieron reunir a estudiantes interesados. La respuesta fue entusiasta y así nació La Caja Negra, una historia que se teje desde hace más de trece años.




Más que un cineclub: un espacio de creación y formación

La Caja Negra no solo se ha convertido en un espacio de proyección y producción audiovisual, sino también en una incubadora de talentos. Muchos estudiantes que pasaron por el cineclub han elegido las artes visuales, la publicidad o el cine como profesión, demostrando el impacto positivo de este proyecto en sus vidas.

Además, La Caja Negra ha impulsado la creación de la línea de investigación de cine y comunicación para estudiantes de décimo y once en el INEM, lo que representa un gran logro para las humanidades en la escuela. Los sábados, el cine club abre sus puertas a la comunidad, proyectando películas para padres, estudiantes de otros colegios y vecinos de la localidad, convirtiéndose en un espacio de encuentro y diálogo en torno al cine.

El cine como comunicación alternativa y comunitaria

El cine puede ser una herramienta poderosa para la comunicación alternativa y comunitaria, especialmente en un contexto donde las imágenes que consumimos suelen estar desterritorializadas. Juan Camilo señala la importancia de que los cineclubes escolares promuevan la creación y el consumo de imágenes locales, que reflejen la realidad y la identidad de la comunidad.

“El cine norteamericano nos resulta más familiar que el cine colombiano”, afirma Juan Camilo. “Esto significa que esas imágenes desterritorializadas terminan impidiéndonos ver nuestra propia realidad”. Los cineclubs, al estar arraigados a un territorio, tienen la posibilidad de crear un vínculo entre la imagen y la comunidad, fomentando la reflexión, la sensibilización y la construcción de identidad.




La importancia de la experiencia y la libertad

Para Juan Camilo, la clave del éxito de La Caja Negra es la libertad y la experiencia. Los estudiantes participan porque quieren, no por una nota o una obligación. Se sienten seguros, identificados y con la posibilidad de crear y expresar su propia voz.

“No es el arte sublime”, aclara Juan Camilo. “Es un lugar importante para el que todos aportan y se teje comunidad, discurso, pensamiento… somos muchas cosas”.

Retos y desafíos

A pesar de los logros, La Caja Negra también enfrenta retos. La falta de un coordinador pedagógico dedicado al proyecto dificulta la planificación y el seguimiento de las actividades.

Además, la cultura del facilismo y la falta de compromiso por parte de algunos estudiantes representa un desafío para promover la investigación, la reflexión y la creatividad.

Una apuesta por el futuro

La Caja Negra es un ejemplo inspirador de cómo el cine puede ser una herramienta poderosa para transformar la educación y construir comunidad. A través de la proyección, la producción y el diálogo en torno al cine, se fomenta la creatividad, la reflexión crítica y el sentido de pertenencia.

El proyecto de Juan Camilo nos invita a repensar la educación y a buscar nuevas formas de aprendizaje que sean significativas y relevantes para los estudiantes, que les permitan descubrir su propia voz y construir su propio futuro.



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