A media cuadra

sábado, 21 de marzo de 2026

Juntas por la vida, la dignidad y la autonomía, crónica de una alianza público popular





Por: Paula J. González Rodríguez y Paula K. Triviño-Gaviria


Las alianzas público-populares y comunitarias (APPOC) son una valiosa herramienta para resignificar la función social del Estado, de la mano de la recuperación de su legitimidad institucional. En contextos como el colombiano, en el que históricamente la desconfianza y la violencia fueron parte del día a día en las comunidades y organizaciones sociales, las APPOC se levantan como alternativas dignificantes para todos sus actores.


Para reintegrar una gobernanza compartida, la Dirección para la Autonomía Económica de las Mujeres del Ministerio de la Igualdad y la Equidad estableció una alianza público-popular con las organizaciones de la cuenca del Tunjuelo para realizar los encuentros denominados “Juntas por la vida, la dignidad y la autonomía”. 


El propósito de esta ruta por cuatro estaciones (cuatro encuentros) fue visibilizar los escenarios de lucha y resistencia frente a las violencias de género que ocurren en los territorios del sur de la ciudad de Bogotá, específicamente en las localidades de Ciudad Bolívar, San Cristóbal, Rafael Uribe Uribe, Techotiva y Bosa. La ruta permitió, además, por medio de las ferias de economía popular, generar espacios dinámicos de intercambio y diálogo para la autonomía económica para las mujeres, así como socializar la política pública de atención y prevención de violencias basadas en género. Todo acompañado por el calor del fuego y la solidaridad de la olla comunitaria, como reivindicación y emergencia de la soberanía alimentaria de las comunidades.


En la ruta hicieron presencia colectivos que desde la educación popular, la defensa de los territorios, los saberes ancestrales, el arte y la cultura han logrado abrir espacios para la participación activa para fortalecer el tejido social y mejorar, desde la autonomía, las condiciones de vida de sus habitantes. Asimismo, participaron organizaciones de mujeres que desplegaron su voz por la lucha contra la violencia de género, reivindicando los saberes femeninos, las maternidades y las formas no hegemónicas de vivir la feminidad. 


El primer espacio local fue el de las localidades de Rafael Uribe Uribe y San Cristóbal, realizado en la Aula Ambiental (Huerta Cultivos) y se centró en la costura y el bordado como herramientas de sanación y prevención contra las violencias de género. 


El segundo encuentro se realizó en la localidad de Ciudad Bolívar en la sede A del colegio República de México. El evento se inició con el taller “economías populares desde las mujeres” para la construcción de propuestas de “vitrinas solidarias”. En este, un colectivo de mujeres indígenas del pueblo Wounaan compartió sus saberes de tejido desde la memoria, relatando sus experiencias como víctimas de desplazamiento forzado por el conflicto armado.


El tercer encuentro se realizó en la localidad de Techotiva, en la Biblioteca del Tintal, Manuel Zapata Olivella. El taller de apertura trató un tema clave en la vida de las mujeres, los ciclos menstruales y su relación con el territorio. Este espacio integró el redescubrimiento del cuerpo femenino, la herboterapia ancestral y la sabiduría lunar mediante una reflexión crítica.



En estos tres primeros encuentros, se realizó el taller “comunicación propia desde la mujer”: una exploración práctica sobre cómo los medios de comunicación y formatos mediáticos tradicionales han impuesto un relato y construido una idea de la mujer, imponiendo imaginarios patriarcales sustentados en el machismo y el dogma religioso.


El evento de cierre realizado en la alcaldía local de Techotiva fue un encuentro festivo en el cual la comunidad Muisca realizó una amenización con la ofrenda de chicha ancestral y una ofrenda a Sue como padre sol. Allí se dio un espacio para la reflexión del mundo acelerado en el que las comunidades se han visto obligadas a vivir. También se socializó la Línea Salvia 155, actividad realizada en todos los encuentros, recordando que es una herramienta de denuncia para víctimas de violencia de género. La feria de las economías populares permitió que 27 emprendimientos dieran a conocer sus productos: alimentos, ropa, cosméticos naturales, productos herbales para cocina, bisutería y muñecos de navidad.


En estos encuentros, a través de la palabra, la ritualidad, el arte o el alimento, el territorio fue resignificado como un lugar de abundancia, dignidad y cuidado, desafiando imaginarios históricos que los definen como territorios de escasez. Las prácticas artísticas como el tejido, la costura, el muralismo y la narración oral posibilitaron procesos de sanación colectiva y memoria, permitiendo nombrar y denunciar violencias económicas, físicas, psicológicas y vicarias, así como visibilizar feminicidios y desapariciones silenciadas.






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