Sin reserva es como caminar por las calles que acostumbramos y escuchar los diálogos y las proezas de las personas que las transitan, son cuentos que no suceden en una ciudad imaginaria o imaginada, sino que van construyendo su paisaje en los pasos de esos hombres y esas mujeres que abren y cierran puertas en las disposiciones de su cotidianidad, más allá de sus edades o ocupaciones.
La condición urbana en la que se enmarcan los cuentos no aborda la ciudad como algo completo y univoco, no es la ciudad global, frenética y oscura que nos abre un abismo en cada esquina y una herida en cada descuido, no es la ciudad en la que el conflicto es tan solo un accidente, sino la ciudad que no suele ser narrada, la ciudad de la periferia, en la que el conflicto es una latente condición de la misma, con personajes que están cruzados por la explotación en tantas relaciones de poder que los acometen y que contienen, a su vez, propias formas de resistirse. Transitar por estas narraciones nos deja con un pie en el refugio, en algo que ya sabemos habitado, como el niño que disminuye el castigo en la escuela al pensar que en su casa no tendrá represalia.
Con esta colección de cuentos, Carlos Mayo reitera sobre la necesidad de generar una historia desde nuestros barrios y nuestras miradas como defensa de nuestro territorio, para concretar la memoria negada de sus habitantes.
Agradecemos estos cuentos de Carlos Mayo escritos y empastados a media cuadra de este mundo, por que gustan de mirar a las palomas y no de abrazar a los altares.
La condición urbana en la que se enmarcan los cuentos no aborda la ciudad como algo completo y univoco, no es la ciudad global, frenética y oscura que nos abre un abismo en cada esquina y una herida en cada descuido, no es la ciudad en la que el conflicto es tan solo un accidente, sino la ciudad que no suele ser narrada, la ciudad de la periferia, en la que el conflicto es una latente condición de la misma, con personajes que están cruzados por la explotación en tantas relaciones de poder que los acometen y que contienen, a su vez, propias formas de resistirse. Transitar por estas narraciones nos deja con un pie en el refugio, en algo que ya sabemos habitado, como el niño que disminuye el castigo en la escuela al pensar que en su casa no tendrá represalia.
Con esta colección de cuentos, Carlos Mayo reitera sobre la necesidad de generar una historia desde nuestros barrios y nuestras miradas como defensa de nuestro territorio, para concretar la memoria negada de sus habitantes.
Agradecemos estos cuentos de Carlos Mayo escritos y empastados a media cuadra de este mundo, por que gustan de mirar a las palomas y no de abrazar a los altares.
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