
En el Perú, por supuesto. Siempre que alguna publicidad promociona al Perú aparecen las ruinas, siempre que alguien va al Cuzco regresa con una postal tomada en una piedra en la que atrás se ven las ruinas, si tomas una revista o un mapa para encontrar cualquier camino de todas maneras encontrarás las ruinas. No es para menos, cerca de 700.000 personas visitarán este año Machu Picchu, lo que lo hace un negocio redondo.
Machu Picchu en quechua quiere decir montaña vieja, a sus pies fue construido el poblado como refugio y como santuario de aquel pueblo milenario por el Inca Pachacútec, estadista del Tahuantinsuyo, quien gobernó desde 1438 a 1471 y que fue crucial en la expansión de su imperio, así que Machu Picchu es un lugar para celebrar, sentir y escuchar la memoria de nuestros pueblos, más allá del sonido de las cámaras y del barullo incesante y poliglota de esa torre de babel turística en la que se ha convertido.
Para que el caminante llegue a Machu Picchu, si tiene una persistente escasez de moneda, tendrá que bordear el brioso rio Urubamba partiendo desde la ciudad del Cuzco y bajando hasta Santa María, desde allí deberá dirigirse a la hidroeléctrica en donde puede tomar un tren o andar algunas horas hasta el poblado de Aguas calientes. En este poblado tendrá que pagar su boleta de entrada de 50 dólares, y saliendo muy de mañana, después de andar caminos y peldaños por algo más de una hora, estará ya casi listo para la foto.
Es necesario llevar las provisiones de alimento y agua desde Aguas Calientes pues ya arriba conseguir el preciado liquido o cualquier merienda le puede costar los dos ojos de la cara, y dado que el caminante solo tiene un día incompleto para merodear con insuficiencia, debe tener en cuenta que requiere de buena energía y de suficiente líquido para una jornada en la que hay que dar demasiados pasos para no perder la platica.
Luego de pasar la registradora, el caminante, vestido como turista se verá rodeado de un sinnúmero de turistas vestidos como turistas, cada uno con su cámara para tomarse la foto. Japoneses, gringos, europeos y argentinos, llenan los escalones y las piedras buscando el mejor ángulo y siguiendo el camino dispuesto por algún guía que también cobró su suma por contarles detalles y chismes del lugar. Hay guías para todos los gustos y para difernetes idiomas, pero el caminante no esta obligado a seguir la ruta, así que a falta de guía, lo mejor que puede hacer es perderse
Justo en la entrada se puede ver una placa que dice lo siguiente: El Cuzco agradecido a Hiram Bingham, descubridor científico de Machu Picchu en 1911. Si el caminante se distrae puede hasta creer lo que dice la placa, pero este señor Himar Bingham no fue más que un saqueador de reliquias, que se atribuyo el descubrimiento de lo que ya estaba descubierto, tal como lo hace cualquier descubridor, y que luego de obtener el permiso del gobierno peruano se llevó gran parte de los objetos hallados para una universidad norteamericana con la excusa de estudiarlos, pero estos objetos siguen allá, mientras en Perú, tiran la casa por la ventana para celebrar los 100 años del presunto descubrimiento.
En 1911 cerca de Machu Picchu vivían indígenas y campesinos que inclusive sembraban a la altura de las ruinas, fue alguno de ellos el que le enseño a Bingham aquella ciudad, que para él, estaba perdida, sin embargo, para ese entonces, no sólo los habitantes del lugar ya la conocían, otros viajeros y saqueadores la habían visitado, inclusive, la habían dibujado en sus mapas y seguramente habían escuchado desde la montaña el incesante y furioso arrullo del Urubamba.
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